De víctimas a guardianes de una memoria que sigue viva

A 22 años del incendio del Ycuá Bolaños, Liz y Alfredo relataron cómo transformaron una experiencia devastadora en un compromiso permanente con las familias afectadas, la búsqueda de justicia y la preservación de un espacio destinado a transmitir aquella historia a las nuevas generaciones.

| Por La Tribuna
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Cientos de familias siguen llorando la muerte de algún familiar en la tragedia del Ykua Bolaños.

Hay acontecimientos que modifican para siempre el rumbo de una vida. Para Liz Torres y Alfredo Vallovera, el incendio del supermercado Ycuá Bolaños marcó ese antes y después. Ambos continúan compartiendo su testimonio con la convicción de que recordar es una forma de proteger el futuro. En una entrevista concedida a La Tribu 650 AM, la pareja repasó los momentos que vivieron aquel 1 de agosto de 2004 y explicó cómo el dolor se convirtió en una causa colectiva.

Liz recordó que esa mañana habían salido junto a sus dos hijos para realizar las compras habituales. Un amigo pasó a buscar a los adolescentes y ellos, la pareja, ingresaron solos al supermercado. Esa circunstancia terminó salvando la vida de toda la familia. Relató que, tras escapar del incendio, comprendió que el compromiso con quienes ya no regresaron apenas comenzaba. “En mi cuadra fallecieron 16 personas y junto con mi esposo fuimos los únicos que salimos enteros”, recordó.

Explicó que esa realidad impulsó la creación de la Coordinadora de Víctimas, Familiares y Personas Amigas, integrada por sobrevivientes, vecinos y voluntarios que acompañaron desde los primeros momentos posteriores a la tragedia. “Nosotros tuvimos la suerte de salir, que no le tocó a más de 400 personas que allí fallecieron, entonces no podemos quedarnos callados”, expresó.

Alfredo recordó que, cuando comenzaron a percibir que el techo cedía, intentaron escapar junto con cientos de personas. Sin embargo, se encontraron con que no existían salidas de emergencia. “Nos encontramos sin salidas de emergencia. Después supimos todas las deficiencias de la construcción y entendimos que también hubo corrupción”, afirmó.

Para ambos, el memorial representa mucho más que un espacio físico. Es el lugar donde las nuevas generaciones pueden comprender lo ocurrido y reflexionar sobre el valor de la vida. “Tenemos que aprender a privilegiar la vida. Lo material queda, lo que queremos es que este lugar cuente lo que nunca tenía que haber ocurrido y que nunca más vuelva a pasar”, finalizó Vallovera.

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