Todavía era plena madrugada cuando el espigón presidencial del Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi comenzó a teñirse de rojo, blanco y azul. Con banderas al hombro, camisetas albirrojas y termos de mate para combatir el frío, cientos de hinchas se reunieron para recibir a una selección que, más allá del resultado, nos llenó de orgullo con su representación ante el mundo.
Las personas conversaban entre ellas aunque no se conocían, pues estaban contagiados por la unión y la magia que solo el fútbol puede dar. En las charlas, confesaban que no habían dormido, pero la espera, lejos de ser cansadora, se convirtió en una fiesta improvisada con cánticos, aplausos y la ansiedad por volver a ver de cerca a esos muchachos que despertaron una ilusión que estuvo dormida por 16 años.
Cuando la delegación apareció, se desató el fervor. Los celulares se levantaron para inmortalizar el momento, mientras los jugadores aparecían junto con el entrenador Gustavo Alfaro, enloqueciendo a la multitud. Así se dio el mágico reencuentro de un equipo con un pueblo que volvió a sentirse representado dentro de una cancha.
El frío no detuvo a nadie
Entre los presentes había familias enteras y muchos niños que vivieron por primera vez la experiencia de ver a Paraguay en un Mundial. Y es que esta generación ya ocupa un lugar especial en la memoria futbolera, no solo por haber cortado una larga ausencia mundialista, sino también por devolver la confianza en un equipo competitivo y protagonista.
En las buenas y en las malas
El ambiente estuvo acompañado por presentaciones artísticas y una banda militar, que aportaron un marco festivo mientras la emoción crecía con el correr de los minutos. Luego, ya frente a los aficionados, varios futbolistas se acercaron para firmar autógrafos, sacarse fotografías y agradecer el apoyo recibido antes, durante y después de la Copa del Mundo.
El presidente de la República, Santiago Peña, también participó del recibimiento y saludó a cada uno de los integrantes del plantel y del cuerpo técnico, destacando la campaña realizada e insistiendo en la continuidad de Gustavo Alfaro al frente de la selección. En el mismo sentido se expresó el presidente de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), Robert Harrison, quien dejó un mensaje de confianza para el futuro.
Aunque la eliminación en octavos de final nos dejó con las ganas de seguir haciendo historia, el balance que hace el paraguayo hoy va mucho más allá de un resultado. La clasificación a esa instancia, con la recordada victoria en la definición por penales frente a Alemania, colocó al fútbol paraguayo en la conversación mundial.
Quizá esta vez la utopía no pudo llegar más lejos, pero los guerreros guaraníes regresaron con algo que vale más que una copa: el orgullo recuperado y la certeza de que el paraguayo volvió a creer en ellos.

