En hogares rurales de distintos puntos de la Región Oriental, pequeños cambios comienzan a modificar rutinas históricas que se traduce en menos humo dentro de la cocina, menos tiempo recolectando leña y nuevas formas de producir en la finca familiar.
En estos avances se traduce el impacto del programa Pobreza, Reforestación, Energía y Cambio Climático (Proeza), una iniciativa del Gobierno que combina acciones de protección social con medidas de adaptación al cambio climático y que ya alcanza a más de 4.000 familias en comunidades campesinas e indígenas.
Aliviar la carga de las cocineras
Uno de los cambios más visibles en el día a día es la incorporación de las cocinas eficientes “Tata Piriri”, que reducen el consumo de leña y disminuyen la exposición al humo dentro de los hogares. En muchas viviendas rurales, cocinar implicaba largas horas frente al fuego abierto; hoy, el uso de estas tecnologías alivia esa carga y mejora la salud de la gente. “Antes el humo nos hacía llorar los ojos todo el tiempo”, relatan beneficiarias en comunidades donde se implementa el programa.
Diversificar la alimentación y ganar dinero
Al mismo tiempo, en las fincas se desarrollan sistemas agroforestales que combinan árboles con cultivos agrícolas. Esta práctica no solo apunta a mejorar la productividad, sino también a diversificar la alimentación y generar ingresos a mediano plazo.
La iniciativa se implementa en ocho departamentos de la Región Oriental con apoyo del Fondo Verde para el Clima y la cooperación técnica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en articulación con el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).
De a poco, Proeza va instalando cambios silenciosos en la vida cotidiana rural. Menos riesgo de accidentes en la cocina, más vegetación en la finca y una transición gradual hacia formas de producción más sostenibles.


