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Tras los muros del cuartel, abren puertas a la educación sin excluir

Desde hace 79 años, la Escuela Básica N.º 176 Andrés Rodríguez funciona dentro del Cuartel General del Ejército. Nació para educar a hijos de militares, pero hoy la mayoría de sus más de 700 estudiantes provienen de familias civiles que encuentran allí una propuesta educativa valorada.

| Por La Tribuna
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Educación pública. La directora, Carla Villalba, se asegura de que los niños del preescolar almuercen el menú completo. (Emilio Ayala)

Alrededor de las 7:00, cuando todavía el cielo está oscuro y hay mucha neblina invernal, sobre la avenida Ñu Guasu se pueden ver a cientos de estudiantes llegando a pie, en vehículo, en transporte escolar y de cualquier manera que les permitan sus condiciones sociales.

El objetivo es el mismo: llegar a las clases que empiezan a primera hora en la Escuela Básica N.° 176 DC1 General Andrés Rodríguez, del Cuartel General del Ejército (Avenida Ñu Guasu y Semidei). Lleva las siglas DC1 porque antiguamente en este predio militar funcionaba la División de Caballería.

Para llegar a clases, cientos de estudiantes atraviesan diariamente los accesos de la unidad militar, para ingresar a su escuela que funciona detrás de esos portones desde hace 79 años.

A este centro educativo público, ubicado dentro de la Villa Militar, acuden niños y adolescentes desde lejanas ciudades del departamento Central, pues los padres lo prefieren por sobre otras escuelas debido a la calidad de su enseñanza.

Mientras la Escuela Básica N.° 176 DC1 General Andrés Rodríguez tiene casi ocho décadas, el colegio asentado en el mismo predio que funciona en el turno tarde alcanzó los 60 años de funcionamiento. Durante nuestra visita, la directora Carla Villalba nos cuenta que en sus orígenes funcionaban como una escuela exclusiva para hijos de militares. Pero, con el paso del tiempo, la institución abrió sus puertas a la comunidad y actualmente apenas el 30% de sus estudiantes son hijos de uniformados.

A cargo del MEC

La institución depende íntegramente del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), cuenta con rubros oficiales y recibe los mismos beneficios que cualquier escuela pública del país, incluyendo kits escolares y el programa Hambre Cero. Además, desarrolla actividades para recaudar fondos que permitan cubrir necesidades que excedan los recursos asignados por el Estado.

Una de las principales ventajas de funcionar dentro de un predio militar es el apoyo logístico que recibe la comunidad educativa. Personal militar colabora en tareas de mantenimiento como corte de pasto, pintura y reparaciones de plomería, mientras que la escuela puede utilizar espacios como la capilla y el polideportivo para actividades institucionales.

Durante la actual administración se concretaron tres importantes proyectos de mejoramiento edilicio. Las obras permitieron solucionar problemas de techos, pisos, vidrios e incluso una importante infestación de termitas que afectaba a los pabellones. La institución cuenta actualmente con seis bloques de aulas y alberga a más de 700 estudiantes entre ambos turnos.

Solo en la mañana asisten 511 alumnos, desde jardín hasta noveno grado. En tanto, por la tarde funcionan el tercer ciclo y el nivel medio, con alrededor de 250 estudiantes adicionales.

Demora en reposición de rubros

La escuela enfrenta actualmente una situación que preocupa a la dirección: la falta de reposición de rubros de docentes deben dejar las aulas por motivos de salud. La demora obliga a reorganizar los recursos humanos disponibles, y lo más delicado es que se ven afectados en la actualidad el primero y segundo grado, considerados cursos clave para la lectoescritura.

A pesar de ello, la comunidad educativa continúa sosteniendo este proyecto que combina tradición, esfuerzo y sentido de pertenencia. En un entorno poco común para una institución escolar, la escuela pública Andrés Rodríguez demuestra que detrás de los muros de un cuartel también puede florecer un espacio abierto a la formación de cientos de niños y jóvenes paraguayos.

El transporte público es una dificultad

La escasa cobertura del transporte público en la zona obliga a numerosos estudiantes a caminar largas distancias para llegar a clases. Algunos van a pie, caminando hasta 10 cuadras.

Pese a este impedimento, la demanda se mantiene alta con un promedio de 30 estudiantes en cada aula. La directora atribuye esta preferencia a la reputación construida a través de sus actividades deportivas, culturales y pedagógicas. La escuela suele destacarse en competencias intercolegiales y participa activamente de los Juegos Estudiantiles impulsados por el programa Sumar del Gobierno Nacional. Este programa, vigente desde hace tres años, incluye también acciones preventivas relacionadas con adicciones, convivencia escolar y uso responsable del celular.

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