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Minneapolis resiste el despliegue del ICE tras muertes y redadas

La "Operación Metro Surge" de Trump en Minnesota enfrenta resistencia vecinal tras las muertes de Alex Pretti y Renée Good. Entre protestas y boicots…

| Por La Tribuna
Personas dejan velas durante una vigilia por Alex Pretti, un enfermero de 37 años que murió a tiros por disparos de agentes de inmigración en Minneapolis, frente a la Embajada de Estados Unidos en Londres, el 31 de enero de 2026. (AFP)

La "Operación Metro Surge" de Trump en Minnesota enfrenta resistencia vecinal tras las muertes de Alex Pretti y Renée Good. Entre protestas y boicots, voluntarios patrullan contra redadas del ICE, mientras crece el rechazo social a las deportaciones masivas.

La Tribuna. La ofensiva migratoria de Donald Trump chocó en Minnesota, con una resistencia inesperada. Desde hace semanas, las ciudades gemelas de Minneapolis y St. Paul (3,7 millones de habitantes) viven bajo la Operación Metro Surge: 3.000 agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y de la patrulla fronteriza desplegados para acelerar detenciones y deportaciones.

La Casa Blanca buscaba “dar ejemplo” rumbo a la “mayor deportación de la historia”, pero encontró un muro vecinal. En grupos de Signal, cientos de voluntarios se reparten tareas, como patrullar, registrar movimientos, dar primeros auxilios y llevar comida. Se coordinan a diario y, cuando se detecta una redada, acuden para grabar y soplar silbatos. La admisión a esos grupos se cuida, ya que se aconseja no compartir datos personales porque, dicen, la extrema derecha se ha infiltrado y el FBI advirtió que analizará su contenido.

El punto de quiebre llegó con dos muertes. Agentes federales mataron a tiros a Alex Pretti, enfermero de cuidados intensivos en un hospital de veteranos, y a la poeta Renée Nicole Good. En el caso de Good, manifestantes señalan al agente del ICE Jonathan Ross por haberle disparado tres veces a quemarropa; hasta ahora no ha sido acusado. Las escenas, filmadas con móviles, multiplicaron las protestas y el reclamo de “Abolir ICE”.

La presión se concentra en el edificio federal Obispo Whipple, adonde trasladan detenidos —incluidos ciudadanos estadounidenses— y donde no es raro el gas lacrimógeno. Con 25 grados bajo cero, voluntarios reparten café y silbatos impresos en 3D. Un coche rotulado “Haven” hace guardia 24 horas para asistir a liberados sin cargos, a veces de madrugada, cuando salen sin teléfono y sin abrigo.

El miedo, sin embargo, golpea de forma desigual. En las protestas predominan blancos, no solo porque representan el 77% del censo estatal: miles de familias hispanas y asiáticas llevan semanas sin salir de casa por temor a ser arrestadas, incluso si residen legalmente. En Minneapolis, con casi 450.000 habitantes, se volvió común depender de “raiteros” voluntarios y sentirse más seguro si conduce alguien blanco.

La imagen que se convirtió en símbolo fue la de Liam Conejo Ramos, de cinco años, usado como anzuelo para intentar detener a su madre. Terminó detenido en Texas con su padre, hasta que un juez federal ordenó la liberación de ambos un sábado reciente. Pese a ello, otros niños de su escuela fueron arrestados esa misma semana.

La resistencia también se expresó en la economía cotidiana. Cientos de pequeños negocios cerraron el 23 de enero y hubo otra jornada de cierres el 30. Creció, además, un boicot a Target —una de las 15 empresas del Fortune 500 con sede en Minneapolis— tras eliminar programas de diversidad, igualdad e inclusión.

En lo político, la Casa Blanca intentó bajar la temperatura: relevó a Greg Bovino y colocó al “zar de la frontera” Tom Homan, presentado como gesto de “desescalada”. Los agentes implicados en la muerte de Pretti fueron puestos en licencia administrativa y el Departamento de Justicia anunció una investigación de derechos civiles. Los demócratas, presionados, acordaron revisar la financiación del ICE en dos semanas. Pero el despliegue continuó y creció la polémica. The New York Times informó que el jefe en funciones del ICE, Todd Lyons, envió una directiva que autoriza registros en viviendas sin orden judicial, pese a que la ley lo prohíbe.

También se intensificaron las detenciones de ciudadanos estadounidenses. Un grupo ya conocido como los “16 de Minnesota” quedó expuesto cuando la fiscal general Pam Bondi publicó en X sus fotos e información personal. El viernes, dos periodistas fueron arrestados.

Trump había advertido el 13 de enero que llegaba “El día del ajuste de cuentas y la venganza”. Minneapolis terminó siendo la séptima parada de su ofensiva tras Los Ángeles, Washington, Chicago, Portland, Memphis y Nueva Orleans. Según cifras citadas por analistas, más del 63% desaprueba las acciones del ICE y el 53% desaprueba la política de Trump; casi el 20% de los republicanos cree que la agencia está yendo demasiado lejos. YouGov, además, registró que más que nunca estadounidenses apoyan abolir el ICE, incluido el 19% de los republicanos.

En la ciudad, la consigna es clara; sin justicia por Good y Pretti y sin retirada real, el “manual de resistencia” seguirá activo.

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