El plan impacta alrededor de 52.000 millones de dólares en importaciones: el 8,6% del total, repartido en 19 sectores y 1.466 fracciones arancelarias. El golpe más visible llega por el lado automotor: arancel del 50% para autos de origen chino, en un mercado donde México fue el mayor importador mundial de vehículos chinos el año pasado. También aparecen gravámenes del 35% para rubros como plásticos y electrodomésticos. La lista de países alcanzados incluye, además de China, a Indonesia, Corea del Sur, Tailandia, India, Rusia y Turquía.
¿Por qué ahora? La respuesta está en Washington. Con Donald Trump endureciendo su agenda comercial y buscando cerrar atajos por donde productos chinos podrían entrar al mercado estadounidense, México intenta blindar su acceso preferencial bajo el T-MEC, que deberá renegociarse en julio del 2026. Sheinbaum privilegia una estrategia diplomática —más de una docena de llamadas con Trump—, pero la previsibilidad es limitada: incluso surgió la amenaza de un arancel del 5% por el conflicto del Tratado de Aguas.
El trasfondo es la sospecha de una “puerta trasera” mexicana. Hay tres canales. Uno, el transbordo: modificar un bien lo justo para alterar su origen, algo cada vez menos viable con las reglas del T-MEC. Dos, los insumos: cerca del 12% de los bienes intermedios que México importa provienen de China y alimentan cadenas de ensamblaje orientadas a exportar. Tres, la inversión: capital chino que instala plantas en México para producir cerca del cliente final. Las cifras son disputadas: en el 2023, la Secretaría de Economía reportó un monto seis veces menor al estimado por Rhodium Group, que sostiene que en un solo año se habría superado todo lo oficialmente registrado desde 2000.
El dilema es que la protección también encarece el modelo exportador. Un análisis del Peterson Institute advierte que, cuando un país depende de componentes importados, el arancel sobre el producto final castiga desproporcionadamente el valor agregado local. Ejemplo: si se importan insumos por 5 dólares, se ensambla y vende por 10, y el arancel es 20%, se pagan 2 dólares; eso equivale al 40% del valor añadido. Además, Vietnam amortiguó shocks con una devaluación del 3,4% frente al dólar, mientras el peso mexicano se ha apreciado; BBVA Research proyectó una posible depreciación que aún no se materializa. Según Inegi, la inversión fija bruta cayó casi 9% interanual.
En automotriz, el termómetro es nítido. General Motors anunció que en los próximos dos años mudará la producción de las SUVs Blazer y Equinox de México a Tennessee y Kansas, con un plan de 4.000 millones de dólares, tras estimar un golpe de 4.000 a 5.000 millones en beneficios por nuevos gravámenes; el día del anuncio, sus acciones subieron 1% en el pre-market. El ministro Marcelo Ebrard presenta la ofensiva como respuesta a la competencia desleal de productos de bajo costo, pero el mercado lee el riesgo de cadenas más caras y reglas más volátiles.
Finalmente, el viraje tiene peso geopolítico. México y China establecieron relaciones diplomáticas en 1972 y en el 2013 elevaron el vínculo a “Asociación estratégica integral” tras una visita de Xi Jinping a Ciudad de México con Enrique Peña Nieto. En la ONU, México coincide con Estados Unidos alrededor del 80% de las veces en votaciones sobre valores, pero supera el 81% de coincidencia con China en temas económicos. Subir aranceles, por tanto, no solo reordena aduanas: redefine alineamientos. De cara al 2026, la clave será cuánto “nearshoring” real se consolide y cuántos bienes cumplan reglas de origen para quedar bajo el T-MEC. Si el giro reduce la dependencia de insumos chinos sin frenar la inversión, México ganará margen; si no, pagará el costo en precios y empleo a futuro ya.


