“La región no puede conformarse con cifras que parecen positivas en promedio. Necesitamos políticas activas que promuevan el trabajo decente, con igualdad y protección”, afirmó la directora regional de la OIT para América Latina y el Caribe, Ana Virginia Moreira.
Lima, 11 dic (EFE). La informalidad laboral y la desocupación juvenil siguen siendo los principales desafíos del mercado laboral en América Latina y el Caribe, donde la mitad de las personas ocupadas carece de protección y los jóvenes enfrentan tasas de desempleo que triplican las de los adultos, advirtió la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su informe “Panorama Laboral 2025 América Latina y el Caribe”.
Según el organismo, el promedio regional de informalidad en 2025 alcanza el 47%, pese a una leve reducción de 0,7 puntos porcentuales respecto a 2024, un avance que la OIT considera insuficiente para modificar el carácter estructural de este problema. En varios países la situación es aún más grave: mientras Chile y Uruguay registran tasas cercanas al 25%, en Perú y Ecuador la informalidad ronda el 70% y en Bolivia supera el 80%.
“La tendencia ha sido decreciente desde 2021, pero la reducción observada es todavía insuficiente para modificar el rasgo estructural del mercado laboral. En promedio, la informalidad afecta a casi la mitad de las personas ocupadas”, señala el informe.
La OIT subrayó que la informalidad reduce la productividad, debilita la base fiscal y aumenta la precariedad de los trabajadores, que quedan fuera de la seguridad social, sin cobertura de salud ni protección frente al despido, lo que golpea con especial fuerza a jóvenes y mujeres.
“La región no puede conformarse con cifras que parecen positivas en promedio. Necesitamos políticas activas que promuevan el trabajo decente, con igualdad y protección”, afirmó la directora regional de la OIT para América Latina y el Caribe, Ana Virginia Moreira, al advertir que el reto es avanzar hacia transformaciones profundas en la estructura productiva y laboral.
El informe alerta de que la desocupación juvenil sigue siendo crítica y se ubica en el 12,5%, casi tres veces la tasa de los adultos. En 2025 la participación laboral de los adultos fue del 67%, frente al 48% de los jóvenes, mientras que la tasa de ocupación alcanzó el 64% y el 42%, respectivamente, detalló el especialista en economía laboral de la OIT, Gerson Martínez.
Martínez añadió que el desempleo juvenil se combina con altos niveles de informalidad, que llegan al 56% entre las personas jóvenes, frente al 42,8% entre los adultos. El informe también registra una caída sostenida del número de jóvenes que no estudian ni trabajan remuneradamente, tendencia que se ha acentuado tras la pandemia.
En materia de género, la OIT destacó avances. En el primer semestre de 2025, la participación masculina fue del 75% y la femenina de casi el 53%, mientras que la ocupación fue del 71% y del 49%, respectivamente.
“Aunque esta convergencia constituye un avance significativo, sigue siendo insuficiente para cerrar las diferencias estructurales por género”, advirtió Martínez, al insistir en la necesidad de superar los estereotipos y barreras que limitan el acceso de las mujeres al empleo remunerado.
El contexto macroeconómico también condiciona el mercado laboral. De acuerdo con el informe, América Latina y el Caribe registró en 2025 su tercer año consecutivo de crecimiento estable, con una expansión del PIB del 2,4%, similar a la de 2024 pero por debajo del promedio mundial. La participación laboral fue del 63,3%, casi sin cambios frente a 2024, mientras que la tasa de ocupación alcanzó el 59,6%, 0,4 puntos porcentuales más que el año anterior.
Este dinamismo moderado, junto con una mayor demanda de empleo, permitió que la tasa de desocupación regional se ubicara en el 5,8% en la primera mitad de 2025, la cifra más baja reciente y una señal de recuperación pospandemia. Sin embargo, la OIT remarcó que estos avances no implican mejoras sustantivas en términos estructurales y que persisten brechas entre grupos sociales, territorios y sectores productivos.
Para reducir de manera sostenida la informalidad y la desocupación juvenil, el organismo llamó a desplegar políticas activas y coordinadas que combinen incentivos a la formalización empresarial, fortalecimiento de la inspección laboral, ampliación de la protección social, formación profesional pertinente y estrategias específicas para jóvenes y mujeres. “Se requiere una voluntad política de más alto nivel para enfrentar un problema que limita las posibilidades de desarrollo inclusivo de la región”, concluyó Moreira.


