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Un musulmán de izquierda pone a prueba a ciudadanos de Nueva York

Zohran Mamdani llega al tramo final de una campaña que cambió la conversación política de Nueva York. Hijo de la cineasta Mira Nair y del académico M…

| Por La Tribuna
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NYC Mayoral Candidate Zohran Mamdani Campaigns Ahead Of Next Week's ElectionNEW YORK, NEW YORK - NOVEMBER 1: Democratic New York City mayoral candidate Zohran Mamdani (C) raises his hands during a campaign event with New York City elected officials on November 1, 2025 in the Queens borough of New York City. With only days left in the race for New York City's next mayor, Mamdani remains the front runner against Independent candidate, former New York Gov. Andrew Cuomo and Republican candidate Curtis Sliwa. Stephanie Keith/Getty Images/AFP

Zohran Mamdani llega al tramo final de una campaña que cambió la conversación política de Nueva York. Hijo de la cineasta Mira Nair y del académico Mahmood Mamdani, nació en Uganda y creció en Queens. Hace un año era un legislador estatal poco conocido; hoy, tras la retirada del alcalde Eric Adams, lidera una contienda en la que también compiten Andrew Cuomo —exgobernador que va como independiente— y Curtis Sliwa —fundador de los Guardian Angels—. La elección de este martes pondrá a prueba la idea de cambio en un clima de inflación, alquileres altos y hartazgo.

El ascenso del demócrata se apoya en dos vectores. El primero: el costo de vida. Mamdani convirtió la “asequibilidad” en eje, con un paquete de medidas que promete congelar alquileres en unidades reguladas, ampliar vivienda asequible, buses gratuitos y guarderías sin costo para niños de hasta cinco años. También respalda un recargo del 2 % a quienes ganen más de un millón, más impuestos a corporaciones y salario mínimo de 30 dólares la hora. El segundo vector es organizativo: su campaña presume decenas de miles de voluntarios, una maquinaria puerta a puerta y un manejo de redes que volvió virales sus piezas. En la medición de Quinnipiac (23–27 de octubre) aventajó por diez puntos a Cuomo, con Sliwa rezagado.

Su biografía ayuda a entender el fenómeno. Miembro de la Asamblea estatal desde 2020, trabajó con familias para evitar desalojos. Se afilió a los Socialistas Democráticos y se reivindica parte de una corriente —de Bernie Sanders a Alexandria Ocasio-Cortez— que busca reformar el capitalismo priorizando vivienda, transporte y cuidados. Sus adversarios lo pintan como inexperto y dogmático; sus seguidores dicen que hace falta audacia en una ciudad de 8,5 millones, donde vivir se volvió misión imposible para los trabajadores.

Hubo controversias: su defensa de la causa palestina tensó a sectores de la comunidad judía, y tuits de 2020 contra la policía reaparecieron. Pidió disculpas por el tono y prometió mantener a la actual jefa de la NYPD y crear un Departamento de Seguridad Comunitaria para faltas menores ligadas a salud mental. También se reunió con inmobiliarias y financieros para asegurarles que negociará sin renunciar a sus metas. Esa combinación de convicción y pragmatismo es, para sus críticos, simple táctica; para sus aliados, prueba de que puede sumar mayorías.

Desde la vereda opuesta, Donald Trump lo tilda de “comunista” y amenaza con retener fondos federales. Cuomo intenta capitalizar esos temores con un discurso de experiencia y moderación, mientras Sliwa apela a la inseguridad y a su figura de vigilante urbano. Mamdani replica que trabajará con la Casa Blanca si beneficia a los neoyorquinos y que no se dejará intimidar: “si alguien dificulta la vida en la ciudad, lo enfrentaré”.

Lo distintivo no es solo el catálogo de políticas, sino la gramática de la campaña. En mítines con taxistas, enfermeros y adultos mayores que hacen taichí, el candidato repite tres promesas fáciles de recordar —alquileres congelados, buses y guarderías gratis— y deja que una base joven y multirracial traduzca el mensaje en conversaciones de barrio. Funciona en video breve y en entrevistas: disciplina comunicacional que lo volvió ubicuo.

El telón de fondo excede a Nueva York. Encuestas nacionales muestran una caída en la valoración positiva del capitalismo, sobre todo entre demócratas y menores de 35 años, aunque “socialismo” siga generando rechazo. En esa tensión, Mamdani se vuelve símbolo: para unos, el riesgo de una ciudad ingobernable; para otros, la oportunidad de recuperar lo público sin demonizar la inversión privada. Su promesa, en el fondo, es simple: que quedarse en la ciudad que amás no dependa del código postal ni del saldo de tu cuenta.

El martes habrá, más que un escrutinio, un diagnóstico claro. Si triunfa Mamdani, comenzará un experimento con resonancia nacional: comprobar si un paquete de políticas de izquierda puede administrar una megalópolis sin espantar capital ni seguridad. Si se impone Cuomo, la narrativa será la de un retorno al centro pragmático que ordena las cuentas y enfría las expectativas. Si da la sorpresa Sliwa, el mensaje apuntará a que el miedo venció a la promesa. Sea cual sea el resultado, algo ya cambió: un hijo de inmigrantes logró que millones de neoyorquinos discutan en serio cuánto, cómo y para quién debe crecer su ciudad.

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