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Takaichi y Trump alinean tierras raras, minerales críticos, defensa y energía

Este nuevo entendimiento sobre minerales busca reducir la dependencia de China mediante políticas económicas coordinadas e inversiones que identifiqu…

| Por La Tribuna-
US President Donald Trump visits Japan - Japan-US Summit Meeting Tokyo (Japan), 28/10/2025.- U.S. President Donald Trump (L) and Japanese Prime Minister Sanae Takaichi (R) attend a signing ceremony for a document on the implementation of the U.S.–Japan trade deal at the Akasaka Palace state guest house in Tokyo, Japan, 28 October 2025. Trump is on a three-day visit to Japan from 27 to 29 October to reaffirm the Japan–U.S. alliance and advance economic talks. (Japón, Tokio) EFE/EPA/KIYOSHI OTA / BLOOMBERG POOL

Este nuevo entendimiento sobre minerales busca reducir la dependencia de China mediante políticas económicas coordinadas e inversiones que identifiquen proyectos conjuntos y fortalezcan reservas estratégicas.

Tokio. En su primer gran examen diplomático una semana después de asumir, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, proclamaron el inicio de una “nueva era dorada” en la relación bilateral y firmaron un marco de cooperación para asegurar el suministro de minerales críticos y tierras raras, clave para baterías, imanes permanentes, catalizadores y materiales ópticos. La cita, cargada de gestos simbólicos y evocaciones al legado de Shinzo Abe, incluyó elogios cruzados: Trump vaticinó que Takaichi será “una de las más grandes primeras ministras” y definió a Japón como “aliado al máximo nivel”; la líder japonesa lo felicitó por su “compromiso inquebrantable con la paz y la estabilidad mundiales”.

El nuevo entendimiento sobre minerales busca reducir la dependencia de China —dominante del sector— mediante políticas económicas coordinadas e inversiones que, en los próximos seis meses, identifiquen proyectos conjuntos y fortalezcan reservas estratégicas. Tokio ya recortó su dependencia de importaciones chinas del 90% a cerca del 60% en el 2023 y ahora pretende consolidar cadenas de suministro resilientes con apoyo público-privado. Washington, por su parte, procura diversificar el acceso a estos insumos en un contexto de controles de exportación más estrictos por parte de Pekín.

Más allá de la retórica, la Casa Blanca subrayó que se mantendrá el diálogo sobre la inversión de 550.000 millones de dólares que Japón comprometió en Estados Unidos, en paralelo a la promesa de sostener aranceles a productos japoneses en el 15% —por debajo del 25% con el que Trump había amenazado en su “Día de la Liberación”, el 2 de abril—. El comunicado reiteró la vigencia del acuerdo comercial firmado en julio y la intención de “reforzar la prosperidad global” mediante crecimiento y seguridad económica. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, avanzará con empresas niponas en energía y oleoductos, con la mira puesta también en construcción naval, inteligencia artificial y otras tecnologías.

La agenda energética tuvo un capítulo propio. Un documento citado por agencias especializadas menciona la intención de cooperar en reactores de nueva generación AP1000 y pequeños modulares (SMR), un posible campo para gigantes como Mitsubishi y Toshiba. Takaichi —que ubicó a la energía nuclear en el centro de su estrategia— considera que esta vía puede reducir la dependencia externa y recuperar capacidades perdidas tras Fukushima (2011), tragedia provocada por terremoto y tsunami que dejó más de 18.000 fallecidos.

En defensa, la sintonía fue igual de explícita. Takaichi confirmó que acelerará el gasto militar hasta el 2% del PIB y volvió a plantear la reforma de la Constitución pacifista —en particular, el Artículo 9— para reconocer formalmente a las Fuerzas de Autodefensa y ampliar capacidades de disuasión. Trump agradeció “los pedidos de una gran cantidad de equipamiento defensivo” estadounidense y anticipó “un intercambio comercial extraordinario”. En un encuentro paralelo, el canciller japonés, Toshimitsu Motegi, y el secretario de Estado, Marco Rubio, acordaron reforzar la disuasión y la respuesta de la alianza.

La puesta en escena incluyó un recorrido por la base naval de Yokosuka y un acto a bordo del portaaviones USS George Washington, símbolo de la presencia estadounidense en Asia-Pacífico. Ante unos 6.000 marineros, Trump presentó a Takaichi como “una ganadora”, mientras la jefa de Gobierno agradeció el papel de las tropas en la seguridad de Japón y la región. La cumbre también tuvo un componente humano: ambos posaron con familias de ciudadanos japoneses secuestrados por Corea del Norte en los años 70 y 80; Washington reafirmó su apoyo a esa causa.

Los gestos simbólicos apuntalaron el mensaje político. Takaichi obsequió a Trump un palo de golf que perteneció a Abe y una mochila firmada por Hideki Matsuyama; juntos rubricaron gorras con el lema “Japón está de vuelta”. Analistas locales interpretan que invocar el legado del ex primer ministro fortalece a la líder conservadora en casa, donde su coalición está a dos escaños de la mayoría en la Cámara baja.

El encuadre regional condiciona cada paso. La gira asiática de Trump, que incluyó Malasia y seguirá en Corea del Sur, prevé un encuentro con Xi Jinping. Tras rondas técnicas en Kuala Lumpur, Washington confía en que Pekín posponga nuevas restricciones a la exportación de minerales, lo que allanaría la ampliación de la tregua comercial que vence el 10 de noviembre. En Estados Unidos, mientras tanto, las negociaciones por el cierre del Gobierno permanecen trabadas, un telón doméstico que no impidió al presidente exhibir “alineamiento total” con Tokio.

En suma, el relanzamiento de la alianza se apoya en tres ejes: seguridad (más gasto y coordinación militar), energía (cooperación nuclear y cadenas seguras) y economía (minerales críticos y reducción de aranceles punitivos). El énfasis en tierras raras condensa el momento geopolítico: sin esos insumos, la transición tecnológica —desde autos eléctricos hasta sistemas de defensa— queda expuesta. Tokio y Washington apuestan a blindar ese eslabón y a convertir la afinidad política en resultados medibles. El resto —como dejaron entrever los protagonistas— será persistencia: inversiones, proyectos concretos en seis meses y una narrativa compartida de “prosperidad y seguridad” que, de materializarse, marcará la verdadera dimensión de esta “nueva era dorada”.

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