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La voz firme del papa denuncia la avaricia y clama por justicia

La Plaza de San Pedro volvió a convertirse en escenario de reflexión y compromiso durante la misa celebrada por el papa León XIV con motivo del Jubil…

| Por La Tribuna
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El papa destaca la "sed de justicia" de pueblos "con condiciones inhumanas inaceptables"VATICANO (VATICANO), 20/09/2025.- El papa León XIV pidió este sábado reflexionar sobre los "tantos países y pueblos que tienen hambre y sed de justicia, porque sus condiciones de vida son tan injustas e inhumanas que resultan inaceptables", en el discurso que pronunció en la plaza de San Pedro ante los miles de peregrinos llegados a Roma para el Jubileo. EFE/Simone Risoluti/Dicastero per la Comunicazione / SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)

La Plaza de San Pedro volvió a convertirse en escenario de reflexión y compromiso durante la misa celebrada por el papa León XIV con motivo del Jubileo Mundial de los Catequistas. Ante más de 35.000 fieles congregados, el pontífice lanzó un fuerte mensaje contra la indiferencia y la avaricia que conviven con el sufrimiento de millones de personas en el mundo.

En su homilía, León XIV recordó la parábola evangélica del rico y Lázaro, un relato que, según él, guarda plena vigencia en la actualidad. “La miseria de pueblos enteros, azotados por la guerra y la explotación, se encuentra a las puertas de la opulencia”, lamentó. Y advirtió que “a veces el beneficio pisotea la caridad, y la riqueza se vuelve ciega frente al dolor de los necesitados”.

El papa se preguntó cuántos “Lázaros modernos” mueren cada día a causa de la injusticia y la indiferencia. Para León XIV, el hombre rico de la parábola no recibe nombre porque se pierde en su propio egoísmo: “Está disperso en los pensamientos de su corazón, lleno de cosas y vacío de amor. Sus bienes no lo hacen bueno”.

Miseria y opulencia, una brecha que persiste

Las palabras del pontífice fueron un llamado de atención sobre la desigualdad que caracteriza a la sociedad global. Mientras vastas regiones sufren las consecuencias de la guerra, el hambre o la explotación laboral, otras gozan de niveles de riqueza inéditos. Para León XIV, este contraste no es nuevo, pero su persistencia demuestra que “nada parece haber cambiado a lo largo de los siglos”.

La reflexión no se limitó a un plano abstracto. El papa subrayó que la indiferencia frente al sufrimiento ajeno es una tentación que atraviesa la vida contemporánea. En su análisis, las estructuras de poder y las dinámicas económicas suelen priorizar la ganancia por encima de la dignidad humana.

Coincidencia con Francisco

Durante la celebración, León XIV recordó la “singular coincidencia” de que el pasaje evangélico de este domingo fuese el mismo sobre el que predicó el fallecido papa Francisco durante el Jubileo de los Catequistas de 2015, en el Año Santo de la Misericordia. Ese paralelismo, según explicó, resalta la continuidad de un mensaje que atraviesa generaciones de la Iglesia: la necesidad de abrir los ojos ante el sufrimiento del prójimo.

Un mensaje a los catequistas

El Jubileo tuvo también un marcado énfasis en la labor de los catequistas, a quienes el papa definió como “testigos esenciales de la fe”. León XIV los animó a seguir transmitiendo la palabra de Dios con convicción y cercanía, recordándoles que su tarea no es un simple adiestramiento, sino la siembra de vida en el corazón de las personas.

“El catecismo es el instrumento de viaje que nos protege del individualismo y las discordias, porque confirma la fe de toda la Iglesia católica”, explicó. Según el pontífice, la enseñanza catequética deja “un signo interior” que acompaña al creyente en su vida cotidiana y lo orienta hacia el bien común.

La misa concluyó con la institución de 39 nuevos catequistas laicos provenientes de distintos países. A cada uno de ellos, León XIV entregó una cruz como símbolo de su misión y compromiso con la comunidad cristiana.

Tiempo de conversión y compromiso

El mensaje del papa estuvo atravesado por la insistencia en la necesidad de conversión personal y colectiva. Definió el Jubileo como un tiempo de perdón, justicia y búsqueda sincera de la paz, en el que los creyentes están llamados a examinar sus propias actitudes frente a la pobreza y la desigualdad.

Al relacionar la parábola con los desafíos del presente, León XIV invitó a reflexionar sobre el modo en que cada persona responde a las necesidades de los demás. En sus palabras, los “Lázaros contemporáneos” —los que padecen hambre, violencia o desarraigo— constituyen una catequesis viva y más elocuente que cualquier discurso, porque recuerdan con su sufrimiento el núcleo del mensaje cristiano: la caridad y la justicia.

Con este pronunciamiento, el papa buscó reforzar la dimensión social de la fe, planteando que la espiritualidad no puede desligarse de la responsabilidad ante la realidad. “Cuando educamos en la fe —señaló— ponemos en el corazón la palabra de vida para que produzca frutos de vida buena”.

El Jubileo de los Catequistas, con su multitudinaria participación en Roma, se convirtió así en un espacio no solo de celebración, sino también de denuncia y compromiso. En un mundo marcado por contrastes extremos, la voz de León XIV resonó como una invitación urgente a superar la indiferencia y a construir caminos de solidaridad.

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