Orgullo criollo trasciende votos y gana el mundo

Fernando Gimeno – EFE

| Por La Tribuna-
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Reparten 10.000 panes con chicharrón en Perú para celebrar triunfo en Mundial de DesayunosFOTODELDÍA AME801. LIMA (PERÚ), 19/09/2025.- Una persona sostiene un pan con chicharrón este viernes, en Lima (Perú). Un total de 10.000 panes con chicharrón (cerdo frito) fueron regalados en Lima para celebrar el triunfo de Perú con este popular sándwich en el denominado Mundial de Desayunos, organizado por el 'streamer' español Ibai Llanos en sus redes sociales. EFE/ Paolo Aguilar

Ni siquiera la selección de fútbol, que al mismo tiempo quedaba sin opciones de ir al próximo Mundial, consiguió unir a los peruanos como lo hizo este sándwich tradicional. La comida, transversal en la vida del país, tiene un poder de cohesión que se expresa tanto en restaurantes de lujo como en puestos callejeros con ceviche y platos criollos.

La internacionalización de la gastronomía peruana, impulsada por chefs como Gastón Acurio, consolidó la comida como orgullo nacional e identidad colectiva. “Es uno de los pocos acuerdos sociales en el siglo XXI”, explica el antropólogo Alexander Huerta-Mercado, para quien la cocina ha sido un espacio de goce que ni el Estado ni el fútbol supieron ofrecer.

Aunque no es un desayuno barato, los peruanos se volcaron a votar por el pan con chicharrón. Incluso las abuelas recurrieron a la ayuda de nietos para registrarse en TikTok, Instagram o YouTube. La experiencia no era nueva: el país ya había demostrado en votaciones en línea su capacidad de movilización, como cuando Machu Picchu fue elegido maravilla del mundo moderno.

Durante semanas, portales digitales narraban minuto a minuto la competencia, los canales entrevistaban a gastrónomos y transmitían en directo desde chicharronerías de Lima, que reportaron un aumento del 40 % en la demanda. En la capital se elaboró “el chicharrón más grande del mundo”, se repartieron miles de panes y aparecieron camisetas con la imagen del sándwich.

Ibai Llanos, sorprendido, observaba desde España la ola de entusiasmo. Instituciones estatales y alcaldes se sumaron, y hasta el excandidato presidencial Alfredo Barnechea recordó cómo, en 2016, un rechazo a probar chicharrón durante la campaña le costó críticas que hicieron desplomar su intención de voto.

Tras conocerse la victoria en el “Mundial de Desayunos”, la presidenta Dina Boluarte, con apenas un 3 % de aprobación, celebró públicamente. Acto seguido, el Gobierno declaró al segundo domingo de septiembre como “Día Nacional del Pan con Chicharrón de Cerdo Peruano”. Para Huerta-Mercado, fue “un poco cortina de humo, pero también un momento de desfogue social y alegría”.

El antropólogo reconoce haber sospechado de un aprovechamiento político, pero admite que en un país de realidades tan duras resulta positivo encontrar espacios de orgullo colectivo. “No se trata solo de sobrevivir, sino de vivir bien o, al menos, vivir la alegría del vivir”, añadió.

El fenómeno también revela, según Huerta-Mercado, una necesidad de validación global. “¿Ya has probado el ceviche?” es la pregunta recurrente que recibe cualquier extranjero en Perú, esperando siempre un halago. Esa búsqueda de reconocimiento se reflejó también en la expectativa generada por el anuncio de Ibai de viajar a Lima para entregar el trofeo: una sartén dorada.

Con humor, Huerta-Mercado advirtió que le preocupa esa necesidad constante de confirmación externa, aunque reconoce que este tipo de hitos generan cohesión social en un país fragmentado. “Quiero ver cómo se materializa cuando vengan a entregarnos la sartén dorada”, concluyó.

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