La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) celebra cada tres años su Asamblea, un foro multilateral en el que se definen normas, lineamientos y reglamentos globales para la aviación civil. La 42.ª Asamblea se llevará a cabo del 23 de septiembre al 3 de octubre en Montreal, Canadá, con la participación de representantes de más de 190 países miembros y organizaciones internacionales invitadas. Bajo el lema "Cielos seguros, futuro sostenible", la OACI busca consolidar un sistema de aviación internacional más resiliente, sostenible e inclusivo, en un momento en que la conectividad aérea se vuelve esencial para el comercio, la cooperación y el desarrollo humano.
Sin embargo, uno de los grandes vacíos de este foro es la exclusión de Taiwán. La Región de Información de Vuelo de Taipéi (Taipei FIeR, por sus siglas en inglés) es una de las zonas con mayor tráfico aéreo de Asia Oriental, administrada de manera responsable por la Administración de Aviación Civil de Taiwán (CAA). Esta FIR cubre aproximadamente 180.000 kilómetros cuadrados, conecta rutas esenciales entre el noreste y el sudeste de Asia, y gestiona más de 1,8 millones de vuelos al año. A pesar de esta relevancia, por la presión política ejercida por la República Popular China, la CAA de Taiwán no puede participar ni en la Asamblea ni en las reuniones técnicas de la OACI.
Esta exclusión limita la comunicación directa con otras regiones FIR y con el propio organismo, generando un riesgo que trasciende lo político: compromete la seguridad de la aviación regional y global. En un mundo donde la seguridad aérea depende de la cooperación, la ausencia de Taiwán en los espacios de decisión es una contradicción que afecta no solo a los pasajeros que cruzan su espacio aéreo, sino también al principio básico de la OACI: que ningún cielo debe quedar fuera de las normas comunes.
Pese a estas dificultades, Taiwán ha demostrado ser un socio confiable y un actor comprometido con la seguridad internacional. La CAA recopila información a través de canales indirectos, organiza programas de capacitación con expertos internacionales y ajusta sus regulaciones conforme a los estándares de la OACI. Gracias a estas medidas, la aviación taiwanesa se mantiene entre las más seguras del mundo. Entre 2020 y 2024, la tasa de accidentes de aeronaves con motores de turboventilador y turbohélice fue de cero por millón de despegues. Además, aerolíneas como EVA Air han recibido reconocimientos internacionales: en 2025 fue clasificada como la séptima aerolínea de servicio completo más segura del mundo, según el portal especializado AirlineRatings.com.
El desafío no termina allí. Otro factor que afecta directamente a la Taipéi FIR es el comportamiento unilateral e irresponsable de la República Popular China. De manera frecuente, Pekín declara zonas de peligro temporales, restringe el espacio aéreo o realiza ejercicios militares dentro de la FIR de Taipéi sin cumplir con los requisitos de la OACI, que exigen al menos siete días de antelación para este tipo de notificaciones. Estas prácticas, además de ser violatorias de las normas internacionales, aumentan el riesgo de incidentes en una de las regiones aéreas más congestionadas del planeta. No se trata de un problema político aislado, sino de una amenaza concreta a la seguridad operacional de toda Asia Oriental y, por extensión, al transporte aéreo global.
Frente a este escenario, el pedido de Taiwán es claro y razonable: ser incluido en las reuniones técnicas y recibir la formación y el intercambio de información que hoy se le niega. La participación plena de la CAA de Taiwán no debe interpretarse como un gesto político, sino como una medida práctica para garantizar cielos más seguros, proteger vidas humanas y fortalecer un futuro sostenible para la aviación global.
La comunidad internacional tiene en sus manos la posibilidad de corregir esta exclusión y dar un paso hacia la coherencia. Si el lema de esta 42.ª Asamblea es verdaderamente construir un sistema inclusivo, resiliente y sostenible, Taiwán debe formar parte de él. Dejarlo fuera no solo es injusto, sino también riesgoso.
La seguridad aérea no entiende de ideologías ni fronteras políticas. Entiende de cooperación, de confianza y de responsabilidad compartida. Y en ese terreno, Taiwán ya demostró estar a la altura. Ahora corresponde que el mundo le abra las puertas que nunca debieron cerrarse.
Foto:
Chen Shih-kai, ministro de Transportes y Comunicaciones
República de China (Taiwán)


