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Nepal en crisis con gobierno interino luego de revuelta

Nepal atraviesa una de las etapas más convulsas de su historia reciente. Tras semanas de protestas lideradas por la llamada Generación Z, el presiden…

| Por La Tribuna-

Nepal atraviesa una de las etapas más convulsas de su historia reciente. Tras semanas de protestas lideradas por la llamada Generación Z, el presidente Ram Chandra Poudel anunció la disolución del Parlamento y fijó elecciones generales para el 5 de marzo de 2026. La decisión se produce después de la caída del ex primer ministro K.P. Sharma Oli, forzado a dimitir en medio de una ola de manifestaciones contra la corrupción y el nepotismo.

El Gobierno transitorio está encabezado por Sushila Karki, expresidenta del Tribunal Supremo y primera mujer en ocupar el cargo de jefa de Gobierno en Nepal. Karki es reconocida por su firme postura contra la corrupción durante su paso por la judicatura entre 2016 y 2017, cuando incluso enfrentó intentos de destitución que fueron vistos como un ataque al poder judicial. En su primer día como mandataria interina, visitó a manifestantes heridos en el Hospital Civil de Katmandú y prometió “trabajar con todo lo que tenga” para devolver estabilidad al país.

La revuelta de la Generación Z

Las protestas, bautizadas como la revuelta de la Gen-Z, estallaron tras la prohibición de varias redes sociales el 4 de septiembre, medida que encendió la indignación juvenil en un país donde la conectividad digital es central para la vida cotidiana. Pero la raíz del malestar venía gestándose desde antes: denuncias de corrupción sistémica, desempleo y una élite política desconectada de la mayoría.

El detonante simbólico fue la exhibición ostentosa de los llamados “nepo-kids” —hijos de políticos y empresarios influyentes que ostentan lujos en redes sociales mientras gran parte de la juventud carece de oportunidades—. Videos virales en TikTok e Instagram contrastaban mansiones, viajes y ropa de marca de estas élites con imágenes de pobreza y violencia en Nepal. Frases como “Nuestros impuestos, su lujo” se convirtieron en lema de un movimiento que rápidamente trascendió fronteras, inspirando debates similares en Filipinas, Indonesia y Bangladesh.

La represión de las protestas dejó al menos 51 muertos, en los disturbios más sangrientos desde la Guerra Civil (1996-2006) y la abolición de la monarquía en 2008. Manifestantes incendiaron edificios públicos, bloquearon carreteras y atacaron residencias de políticos. Incluso se registraron motines en la principal cárcel de Katmandú, donde algunos reclusos intentaron escapar en medio del caos.

Aunque el toque de queda fue levantado en la capital, otras regiones del país aún mantienen restricciones. La Federación Nacional de Empresarios de Transporte anunció que los servicios de autobús y microbús se reanudarán de manera gradual, buscando normalizar la movilidad.

Debate constitucional y riesgo de retroceso democrático

La disolución del Parlamento no fue bien recibida en todos los sectores. El Colegio de Abogados de Nepal denunció que la medida es “arbitraria e inconstitucional”, alegando que el presidente carece de autoridad para tomar semejante decisión. El Centro Maoísta, una de las principales fuerzas políticas tradicionales, también criticó la maniobra.

Expertos advierten que Nepal enfrenta el riesgo de retroceder en sus logros democráticos si la crisis se maneja con excesivo protagonismo militar. “Se nota una creciente implicación del Ejército en los procesos políticos, y eso podría derivar en un régimen autoritario”, señaló el politólogo Bhaskar Gautam.

Desde la abolición de la monarquía, Nepal ha lidiado con una inestabilidad crónica. Cada año, casi un millón de ciudadanos —entre ellos estudiantes y trabajadores— emigran en busca de empleo. Las remesas enviadas desde el extranjero se han convertido en un pilar para los casi 30 millones de habitantes del país himalayo.

El contraste entre una clase media reducida y una élite enriquecida alimenta la indignación juvenil. La falta de oportunidades, sumada a la percepción de que el sistema político está capturado por unas pocas familias, ha reforzado la narrativa contra el nepotismo.

Un fenómeno regional

El movimiento contra los “nepo-kids” no es exclusivo de Nepal. En Filipinas, Indonesia, Tailandia y Bangladesh existen dinámicas similares, donde la concentración de riqueza y poder en manos de pocas familias genera frustración entre jóvenes educados que ven cerradas las puertas del futuro. Según la investigadora Janjira Sombatpoonsiri, la protesta nepalí combina tres factores: la desigualdad estructural, la amplificación digital de las denuncias y la violenta represión estatal como chispa de la revuelta.

El futuro inmediato

Mientras Nepal se encamina a elecciones en marzo de 2026, persiste la incertidumbre. ¿Podrá el gobierno interino de Sushila Karki contener las tensiones y abrir un camino democrático sólido? ¿O el protagonismo militar y la división política conducirán a una nueva espiral de inestabilidad?

Por ahora, lo cierto es que la Generación Z logró alterar el tablero político de un país donde, por primera vez, una mujer encabeza el gobierno, y donde la juventud reclama que el poder deje de ser privilegio de unos pocos para convertirse en una responsabilidad compartida.

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