Nacer hoy en Paraguay implica, en términos estadísticos, una expectativa de vida bastante mayor que la que tuvieron generaciones anteriores. Pero la cifra no es igual para hombres y mujeres, tampoco se distribuye de la misma manera en todo el territorio y, sobre todo, no significa que cada persona vaya a vivir exactamente esa cantidad de años.
La esperanza de vida al nacer es uno de los indicadores más importantes para medir el desarrollo de una sociedad. El Instituto Nacional de Estadística (INE) la define como el promedio de años que se espera que viva un recién nacido si durante su vida se mantienen las condiciones de mortalidad observadas en un determinado período.
Las últimas Estimaciones y Proyecciones de la Población Nacional por Sexo y Edad 1950-2050, Revisión 2024, del INE, sitúan para 2024 la esperanza de vida de las mujeres paraguayas en 78,4 años y la de los hombres en 72,6 años.
La primera conclusión es evidente: las mujeres pueden esperar vivir casi seis años más que los hombres.
No se trata simplemente de una curiosidad demográfica. La diferencia obliga a mirar causas vinculadas con mortalidad, condiciones de vida, comportamiento, exposición a riesgos y acceso a atención sanitaria. Un análisis del propio INE sobre hombres y mujeres señala que esta ventaja femenina se observa en todos los departamentos, aunque con intensidades diferentes.
Los datos sanitarios permiten añadir otra mirada. El informe Indicadores Básicos de Salud Paraguay 2024, elaborado por el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social a través de DIGIES, registra para 2021 una esperanza de vida de 74,9 años para ambos sexos, con 72 años para los hombres y 77,9 para las mujeres. Es importante no confundir ambas mediciones: el informe sanitario utiliza información correspondiente principalmente a 2021, mientras las nuevas proyecciones del INE incorporan la revisión demográfica posterior al Censo 2022.
Lo más importante es la tendencia.
El INE proyecta que hacia 2050 la esperanza de vida alcanzaría aproximadamente 76,9 años para los hombres y 82,2 años para las mujeres. Viviremos más, pero eso transformará simultáneamente la estructura de la población.
En 2024, el 8,3% de los habitantes tenía 65 años o más. Hacia 2050 esa proporción llegaría al 16,4%. La mayor longevidad, combinada con la caída de la fecundidad, hará que Paraguay tenga progresivamente más adultos mayores y menos niños en relación con su población total.
Vivir más años es, en principio, una buena noticia. Significa que disminuyen determinados riesgos de muerte, mejora la supervivencia y más personas alcanzan edades avanzadas. Pero el verdadero indicador de desarrollo no debería ser solamente cuántos años vivimos, sino cómo vivimos esos años.
Ahí aparece el siguiente desafío de Proyecto Paraguay.
Una persona puede alcanzar los 80 años con autonomía, ingresos, cobertura médica, vivienda adecuada y redes de cuidado. Otra puede llegar a esa misma edad después de décadas de informalidad laboral, sin jubilación y dependiendo económicamente de su familia. La esperanza de vida mide duración; no mide por sí sola calidad de vida.
Además, la geografía vuelve a importar.
Las proyecciones departamentales del INE, Revisión 2025, muestran diferencias importantes. En Ñeembucú, por ejemplo, la esperanza de vida proyectada para 2025 alcanza 74,3 años para los hombres y 80,8 para las mujeres. Para 2030 aumentaría a 75,2 y 81,5 años, respectivamente. El mismo departamento presenta una estructura poblacional considerablemente envejecida: para 2030 se proyectan cerca de 81 adultos mayores de 65 años por cada 100 menores de 15.
En otras zonas del país el panorama es diferente. Alto Paraguay, por ejemplo, parte de una estructura mucho más joven y presenta niveles inferiores de esperanza de vida: para 2025, las proyecciones del INE estiman 70,5 años para los hombres y 75,7 para las mujeres.
Eso significa que hablar de “la esperanza de vida del paraguayo” puede resultar útil como promedio, pero insuficiente para diseñar políticas públicas.
La longevidad depende también del territorio.
Y hay otro dato que obliga a mirar hacia adelante. Las proyecciones nacionales del INE estiman que la población adulta mayor crecerá más rápidamente que la población infantil. Esto implica más demanda de consultas médicas, medicamentos, cuidados de largo plazo, rehabilitación, sistemas jubilatorios y ciudades adaptadas a personas con menor movilidad.
El desafío comienza mucho antes de los 65 años.
La longevidad futura se construye con vacunación, nutrición, educación, prevención, saneamiento, seguridad vial, actividad física, diagnóstico temprano y acceso oportuno a servicios de salud.
Por eso la pregunta “¿cuántos años puede esperar vivir un paraguayo?” tiene dos respuestas.
La estadística indica que hoy una mujer ronda los 78 años y un hombre los 73, con una tendencia ascendente hacia 2050.
Pero Proyecto Paraguay propone agregar una segunda pregunta: ¿cuántos de esos años podremos vivir con salud, autonomía y seguridad económica?
Porque aumentar la esperanza de vida es un logro.
Convertir esos años adicionales en años mejores será el verdadero desafío.


