París (EFE). Después de que cerca 300.000 personas acudieran a ver pasar el papamóvil por las calles de París, el papa concluirá su jornada con otro baño de masas en el Estadio de Francia con 80.000 jóvenes.
León XIV comenzó su visita con una reunión con el presidente francés, Emmanuel Macron, en el Elíseo, y un discurso ante las autoridades, en el que afirmó que es necesario “no perder nuestra humanidad en medio del ‘Paraíso de las Máquinas’, que invaden y condicionan nuestra vida cotidiana”.
Con anterioridad, Macron había afirmado en su discurso que “la inteligencia artificial debe ser un servidor y no un amo”. Además, defendió la creación de “una organización internacional que reconcilie progreso tecnológico, justicia y humanismo”, con el objetivo de evitar que los avances tecnológicos más importantes queden concentrados en pocas manos.
En la sede de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el papa también centró su discurso en subrayar que las nuevas tecnologías “deben seguir estando al servicio de la persona humana, en lugar de convertirse en un instrumento más de dominación e injusticia”.
La “justa laicidad”
El papa también alertó sobre el peligro de que la tecnología provoque una deshumanización y de que las personas sean valoradas únicamente por su productividad. “Mientras se atribuye inteligencia a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se juzgan según el criterio de la eficiencia”, condenó.
Pero el papa también llegó a Francia para defender lo que consideró “la justa laicidad”, que “no consiste en excluir a la religión del espacio público o de la educación, sino en trabajar para que el Estado y las instituciones religiosas dialoguen entre sí y unan sus fuerzas al servicio de lo verdadero, lo bueno y lo bello, para que el mundo tenga vida”.
Un tema que también abordó Macron en su discurso, al asegurar que “la laicidad francesa no es en absoluto la negación de la religión”, sino que garantiza la libertad de creer o no creer y la separación entre el Estado y las religiones.

Principios de la vida
El papa no dejó de recordar los principios de la defensa de la vida de la Iglesia católica y mencionó “a los más pequeños y a los pobres, los niños en el vientre de sus madres y en los distintos escenarios de guerra, las personas con discapacidades físicas e intelectuales, los adultos mayores, los migrantes y los refugiados, y todos aquellos a quienes la arrogancia excluye por considerarlos improductivos”.
Defendiendo la labor de la Iglesia y la protección de los más vulnerables, León XIV reafirmó “con fuerza” en el discurso a las autoridades que “la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano”, en un mensaje que, aunque sin citarlo, llega después de que se aprobara en julio la ley que regula la eutanasia y el suicidio asistido.
“Existe en nuestros días la tentación de esperar que la ciencia nos brinde una solución y un consuelo para todos nuestros sufrimientos. El riesgo es, a menudo, caer en dicha ilusión. Cuando la ciencia y la tecnología no están guiadas por la conciencia, pueden proponer soluciones inmediatas que parecerían responder a los deseos y sufrimientos de los hombres y mujeres, pero que, en realidad, consiguen desviarlos gravemente del bien al que aspiran profundamente”, añadió el pontífice.
Anoche, Unos 80.000 jóvenes se disponía a arropar en el Estadio de Francia, a las afueras de París, al pontífice en una vigilia que combinaría música, testimonios, oración y la presentación de la Santa Túnica de Argenteuil, una reliquia que la tradición cristiana vincula con Jesucristo.
“Una casa abierta”
El papa León XIV pidió a la Iglesia francesa que sea “una casa abierta” y que “acoja a quien está lejos” y “al extranjero”, en su discurso tras celebrar con el clero del país en la catedral de Notre Dame de París, durante su primer día de visita a Francia.
En su discurso, admiró la restauración de la catedral de Notre Dame tras el incendio de 2019, que definió como un suceso “que no afectó solo a los católicos, sino a toda la sociedad”, porque la catedral representa una parte de la historia y de la identidad cultural de Francia. El papa Francisco había sido invitado a su inauguración en 2024, pero decidió no participar.
Pidió a la Iglesia de Francia que se deje inspirar por esta reconstrucción y que dé prioridad a la “conversión misionera” que indicó el papa Francisco.


