París, Francia (AFP). Cuando Brian Green cruzó por primera vez la puerta de Anthropic, en Silicon Valley, un día de diciembre del 2025, acompañado de un cura con camisa negra y alzacuello, estaba muy lejos de imaginar lo que iba a suceder después.
Junto al sacerdote, este experto en ética de la inteligencia artificial (IA) de la universidad católica Santa Clara, en California, participaba entonces en una “reunión exploratoria” a petición de la empresa estadounidense. La idea: evaluar si es posible un diálogo con la Iglesia con el fin de “influir positivamente” en las evoluciones tecnológicas, recuerda. Ambos hombres forman parte de un grupo de investigación sobre IA vinculado al Vaticano.
Siete meses más tarde, en mayo, a tres asientos del papa León XIV en una sala del Vaticano se sienta, para estupor general, un no creyente: Christopher Olah, el propio cofundador de Anthropic.
El Pontífice presenta “Magnifica humanitas”: la primera encíclica jamás dedicada a la IA, en la que llama a “desarmar” esta tecnología para “impedirle el dominio sobre lo humano”.
Riesgo de “pope washing”
En el seno de la Iglesia, algunos mostraron su malestar ante un riesgo de “pope washing”, de legitimación o de aval moral en vísperas de la salida a bolsa de Anthropic. Pero en un contexto de creciente inquietud sobre el futuro de la IA y su potencial capacidad para dominar el mundo, el Vaticano considera que tiene un papel que desempeñar.
El interés de la Iglesia Católica por las cuestiones relacionadas con la IA no es reciente. Ya en la década del 2010, bajo el impulso del papa Francisco, se multiplican los contactos con universitarios y dirigentes de Silicon Valley.
La primera etapa fue en el 2020 con el lanzamiento del “Rome call for AI ethics”, un texto firmado, entre otros, por el Vaticano, Microsoft e IBM. Innovador para la época, promueve una “algor-ética” basada en la transparencia y la protección de la vida privada. Cuatro años más tarde, Francisco se convierte en el primer papa en participar en una cumbre del G7.
“El Vaticano ha desempeñado un papel de vanguardia al identificar muy pronto una tendencia que iba a convertirse en estructurante”, confirma Éric Salobir, consejero ante la Santa Sede y presidente de la Human Technology Foundation, que cuenta entre sus miembros a Google, Palantir y Qualcomm. Pero las cosas se aceleran con la llegada de León XIV en mayo del 2025 que “comprende estas cuestiones gracias a su formación científica” como matemático, añade este sacerdote dominico.
Chantaje
Tras la reunión de diciembre del 2025 en Silicon Valley, Brian Green y el cura vuelven a ser invitados por Anthropic en enero, y en varias ocasiones durante los meses siguientes. Este último es el padre Brendan McGuire, que dirige la parroquia de Saint-Simon en Los Altos, California, pero que estudió criptosistemas antes de convertirse en ejecutivo del sector tecnológico y luego entrar en la vida religiosa.
Esta vez, les acompaña un representante oficial del Vaticano: monseñor Paul Tighe, número dos del Dicasterio (ministerio) para la Cultura y la Educación, con quien trabajan desde hace varios años.
Anthropic, que no respondió a las solicitudes de AFP, aseguró públicamente que se apoyó en sus contribuciones para redactar la carta ética de su modelo de IA Claude, publicada a finales de enero.
En simulaciones internas realizadas en el 2025, Claude, que desempeñaba el papel de asistente empresarial, descubrió, por ejemplo, a través de un correo electrónico que iba a ser sustituido por otro sistema y trató de chantajear a un ingeniero con una presunta relación extramatrimonial.
También existen lazos con otros gigantes de la IA como Google DeepMind y OpenAI, según Brian Green y Éric Salobir, pero ninguno fue tan lejos en el diálogo como Anthropic, que ahora aboga por una “regulación fuerte” de la IA.
En un conflicto judicial que enfrentó a Anthropic con el gobierno estadounidense, en marzo, un colectivo de 14 éticos y teólogos católicos, entre ellos Green, presentó un escrito ante la justicia para respaldar su denuncia contra el Pentágono.
Redes diplomáticas
Mientras Washington rechaza una regulación mundial de la IA, como volvió a afirmar el presidente Donald Trump ante la Asamblea General de la ONU, el Vaticano también se mueve en el plano diplomático.
El teólogo Paolo Benanti no dejó de subrayar las coincidencias entre el Vaticano y los Veintisiete, animando a los eurodiputados a legislar sobre este tema para no dejar que los actores de la IA sean los únicos que tomen las decisiones.
Entre bambalinas, en Roma, se celebraron otras reuniones, incluida una en abril, en la embajada de Francia ante la Santa Sede, que reunió a representantes de Meta, Google, Amazon y del Vaticano sobre la protección de la infancia en la era de la IA, relató a AFP uno de los participantes.
“Cada cual desempeña su papel: el de las empresas es producir la tecnología, el de los Estados es definir los límites de lo que consideran aceptable social y políticamente, subraya una fuente diplomática occidental.
Gilles Gressani, director de la revista geopolítica Le Grand Continent, va más lejos. “Lo que está en juego con la IA, y es vertiginoso, es la definición de qué es lo humano, pero también de qué es lo divino. Y el Vaticano lo sabe”, concluye.


