Trump recibe a Xi Jinping para la esperada cumbre en la Casa Blanca

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibirá hoy en una esperada cumbre a su homólogo chino, Xi Jinping, en la Casa Blanca. Se trata de la segunda reunión entre ambos líderes en lo que va del año. Los asuntos de alto interés de ambos líderes centran la agenda: rebajar las crecientes tensiones por el comercio, la guerra de Irán, el futuro de Taiwán y la carrera por la inteligencia artificial (IA).

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Una fotografía de Donald Trump (i) junto a Xi Jinping es exhibida en el Palm Room de la Casa Blanca. Ambos líderes se encontrarán en Washington para una visita de Estado del mandatario chino.
xi jinping y donald trumpUna fotografía de Donald Trump (i) junto a Xi Jinping es exhibida en el Palm Room de la Casa Blanca. Ambos líderes se encontrarán en Washington para una visita de Estado del mandatario chino.ALEX WROBLEWSKI

Washington. Estados Unidos y China debaten hoy la creación de un canal de comunicación para abordar el desarrollo de la inteligencia artificial y se espera una resolución tras la visita del mandatario chino Xi Jinping, a su par estadounidense, Donald Trump, hoy en la Casa Blanca, en Washington D.C.

Las conversaciones se producen en un momento en que ambas potencias se enfrentan a los crecientes temores a que los sistemas de inteligencia artificial puedan escapar al control humano, informó AFP.

El acto central de la visita de tres días a la capital estadounidense será la reunión bilateral de hoy en la residencia presidencial, donde Trump ofrecerá además a Xi una cena de Estado, reportó EFE.

Será la primera visita de Xi Jinping a la Casa Blanca en más de una década, desde la que realizó en el 2015 invitado por el entonces presidente Barack Obama. También será el tercer encuentro entre ambos desde el regreso, en el 2025, de Trump al poder, después de los celebrados en octubre del año pasado en Busan (Corea del Sur) y el pasado mayo en Pekín.

Aunque no se esperan grandes acuerdos, previsiblemente se mantendrá el tono cordial de las reuniones anteriores, en las que los líderes de las dos principales potencias mundiales han apostado por preservar los canales de diálogo y primar su supuesta buena sintonía personal.

Guerra arancelaria y carrera por la IA

El comercio concentra buena parte de la agenda entre las dos mayores economías del mundo, que lograron frenar la escalada abierta tras la guerra arancelaria lanzada por Trump el año pasado contra numerosos socios comerciales y respondida por Pekín con gravámenes igualmente elevados.

La tregua comercial, que expira en noviembre, será uno de los asuntos centrales de la conversación, junto con el acceso a minerales críticos y tierras raras, fundamentales para las industrias tecnológica y de defensa. China domina buena parte de ese mercado, una posición que Washington observa con creciente inquietud.

Otro foco de fricción es el vertiginoso desarrollo de la IA. Trump se resiste a imponer restricciones que, a su juicio, puedan frenar a Estados Unidos frente a China, pese a las advertencias de algunos dirigentes de la propia industria sobre los riesgos de avanzar sin controles suficientes.

Del conflicto de Irán al futuro de Taiwán

Trump llega a la cita con Xi en una posición más frágil que en mayo, con la guerra de Irán estancada y el riesgo de que el conflicto pase factura a los republicanos de cara a las elecciones legislativas de medio mandato de noviembre.

El presidente estadounidense busca aumentar el aislamiento económico de la República Islámica, pero China defiende su derecho a comerciar con Teherán, del que es el principal comprador de petróleo. Asimismo, Trump ratificó la semana pasada una ley que permite imponer nuevos aranceles a los países que compren gas y petróleo de Rusia e Irán, tal y como hace Pekín, pero hasta ahora ha evitado anunciar castigos a China para no poner en riesgo la cumbre con Xi.

Sobre Taiwán, cuya soberanía reclama Pekín, se espera que Xi insista en que Trump limite el suministro estadounidense de armas a la isla, cuya anexión China no descarta lograr por la fuerza. Trump mantiene una posición ambigua sobre Taiwán y, desde su última reunión con Xi, tiene paralizado un paquete de armamento para la isla, que considera una “moneda de cambio” para negociar otros asuntos con Pekín. Washington no reconoce la independencia formal de la isla, aunque mantiene el compromiso de proporcionarle los medios para defenderse.

ONU pide cooperación

El secretario general de la ONU, António Guterres, pidió a Estados Unidos y China que cooperen frente a los desafíos que plantea la inteligencia artificial (IA). “Los gobiernos con las mayores capacidades en IA tienen las mayores responsabilidades ante la humanidad. Para establecer canales de diálogo, transparencia, confianza y cooperación”, dijo Guterres. “En un momento crucial de la Guerra Fría, los rivales estratégicos llegaron a reconocer la necesidad de gestionar los riesgos existenciales comunes”, añadió.

La IA es uno de los temas principales de la Asamblea General de la ONU de este año.Antes de la semana de reuniones y discursos en Nueva York, los líderes de más de 20 países instaron a adoptar medidas de seguridad para esta tecnología.

China y Estados Unidos no figuraban entre los signatarios. Donald Trump se ha mostrado firmemente en contra de adoptar medidas de seguridad para la IA y prometió el sábado que no permitiría la “destrucción” de este sector por temores injustificados.

Xi dijo en julio que la IA no debería estar dominada por un solo país e instó a la cooperación internacional para su desarrollo.

Freno cuando sea necesario

El director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, prometió en la ONU que desacelerará el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) cuando así se requiera para garantizar que cada nuevo modelo comercializado sea seguro.

“Reduciremos el ritmo de desarrollo tanto como sea necesario para garantizar que cada nuevo modelo de IA que lancemos sea realmente seguro”, declaró Amodei en un mensaje en video dirigido al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

El CEO de Anthropic asumió así, por primera vez, el compromiso unilateral de ralentizar la evolución de la inteligencia artificial, diez días después de haber pedido una desaceleración coordinada entre los grandes actores de la IA, que por el momento no se ha concretado.

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