El temor a que la inteligencia artificial deje a millones sin empleo ya escapó de los laboratorios. Los modelos generativos escriben, programan, analizan documentos y ejecutan tareas antes reservadas a profesionales. Sin embargo, entre esa capacidad y la desaparición masiva del trabajo existe una distancia que los datos todavía no permiten dar por recorrida.
The Economist, en su edición del 16 de mayo del 2026, plantea una advertencia: el “apocalipsis del empleo” aún no llegó, pero los gobiernos deberían preparar una red de protección. Siete de cada diez estadounidenses creen que la IA dificultará conseguir trabajo y casi un tercio teme por su puesto. La percepción corre más rápido que las estadísticas, pero no debe ser ignorada.
Por ahora, los grandes indicadores no muestran un derrumbe. Según los datos citados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la proporción de personas en edad de trabajar que tiene empleo se mantiene en niveles récord y el desempleo dentro del bloque ronda el 5%. La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos proyecta, además, que ese país sumará 5,2 millones de puestos entre el 2024 y el 2034, un aumento cercano al 3%.
La historia ofrece razones para evitar el fatalismo. Robert Gordon, economista de la Universidad Northwestern, sostiene que desde el año 1300 el crecimiento por habitante en la economía más avanzada de cada época nunca superó de manera sostenida cerca del 2,5% anual. Las innovaciones se difundieron lentamente y dieron tiempo a la aparición de nuevas actividades. Tampoco la Revolución Industrial produjo desempleo permanente: según The Economist, la población ocupada de Gran Bretaña pasó de 4,5 millones en 1760 a 12 millones en 1860.
Pero confiar ciegamente en el pasado sería otro error. La IA aprende y se expande a una velocidad distinta, y sus primeros efectos podrían concentrarse en sectores específicos. Un análisis de The Economist, basado en encuestas de la Asociación Nacional de Universidades y Empleadores de Estados Unidos, encontró que entre el 2022 y el 2024 la tasa de empleo a tiempo completo de los graduados en carreras menos expuestas a la IA cayó 1,5 puntos porcentuales. En las más expuestas –informática, ingeniería informática y ciencias de la información– la baja fue de 6,6 puntos. Con datos de 13 universidades, la tasa para esos campos descendió de casi 70% a 55% en tres años.
Hay estudios que aconsejan prudencia al atribuir toda esa caída a ChatGPT. Zanna Iscenko y Fabien Curto Millet, economistas de Google, hallaron que la contracción de ofertas también afectó a trabajadores experimentados y comenzó antes del 2022. Morgan Frank, de la Universidad de Pittsburgh, obtuvo un resultado semejante. En cambio, Erik Brynjolfsson, de Stanford, detectó en el 2025 una caída relativa del 16% en el empleo juvenil dentro de tareas muy expuestas, como el desarrollo de software. No existe un veredicto único, pero sí una alerta.
El riesgo no se limita a cuántos puestos sobrevivan. Importan la calidad del nuevo empleo, el salario y quién se queda con la productividad adicional. Goldman Sachs estima que los centros de datos representarán el 8,5% de la demanda eléctrica máxima de Estados Unidos en el 2027, frente al 4,1% del 2025. Si la IA eleva las ganancias del capital mientras debilita el ingreso laboral, la desigualdad podría crecer aún con una tasa de empleo aceptable.
¿Qué impacto puede tener la IA en Paraguay? (cuadro)
El impacto inmediato probablemente no será un “apocalipsis laboral”, sino una transformación desigual: algunas tareas desaparecerán, otras se volverán más productivas y muchas personas deberán aprender nuevas funciones.
Paraguay tiene una particularidad. De los aproximadamente 3,27 millones de ocupados registrados en el segundo trimestre del 2026, más de 2,24 millones trabajan en el sector terciario. Comercio, restaurantes y hoteles concentran cerca de 1,06 millones de puestos. También existen alrededor de 979.700 trabajadores por cuenta propia (INE, EPHC 2026).
El riesgo paraguayo no está solamente en la desaparición de puestos. La informalidad laboral alcanzó el 60,1% en el 2025, según el Instituto Nacional de Estadística. Eso significa que una gran parte de los trabajadores podría enfrentar la reconversión sin indemnización, seguro de desempleo, capacitación empresarial ni cobertura previsional.
La informalidad puede retrasar la automatización en algunas actividades de baja productividad, pero también vuelve mucho más vulnerable a quien pierda ingresos.


