Viajar miles de kilómetros para colaborar en un proyecto solidario puede parecer, a primera vista, una forma de turismo con propósito. Sin embargo, el llamado volunturismo abrió un debate incómodo: ¿cuándo una experiencia de voluntariado realmente contribuye a una comunidad y cuándo termina beneficiando más al viajero que a quienes pretende ayudar?
Este modelo combina viajes a países del sur global con la participación en proyectos sociales. Colombia, Costa Rica, Kenia, Zanzíbar, Indonesia y Tailandia figuran entre los destinos que reciben a estos turistas solidarios. Pero detrás de las imágenes de viajeros junto a comunidades locales también aparecen cuestionamientos sobre el impacto de estas iniciativas.
El filósofo especializado en cooperación y desarrollo Silvio Testa advierte sobre el denominado “síndrome del salvador blanco”, asociado a la idea de que quienes llegan desde países desarrollados saben qué necesita una comunidad y pueden solucionar sus problemas.
“Hay que desprenderse de la idea preconcebida de que uno va a ayudar y a salvar el mundo”, sostuvo. En su lugar, propone hablar de “colaborar” y llegar al destino con “humildad”, para primero “ver, callar y escuchar”.
La exposición en redes sociales también alimenta la polémica. Testa cuestiona las experiencias breves que terminan reducidas a fotografías y publicaciones: “Van, se hacen alguna foto, ‘qué pena’, y vuelven a la semana”.
Para Isabel Martín, coordinadora de Cooperación Internacional de la Universidad de Málaga, la clave está incluso antes de hacer las valijas. Es fundamental conocer a la organización que gestiona el proyecto, cómo se utilizan los fondos y, sobre todo, si las necesidades fueron identificadas por quienes viven en el lugar.
“Es importante establecer contacto con oenegés locales en el terreno”, señaló. Las estructuras deben además funcionar independientemente de la presencia de voluntarios extranjeros, de modo que los proyectos no desaparezcan cuando estos regresen a sus países.
La formación previa aparece así como un elemento indispensable. La solidaridad, según los especialistas, no debería comenzar con una cámara en la mano ni terminar cuando termina el viaje.
Y existe otra lección que el volunturismo puede dejar al viajero: la comunidad que recibe la colaboración no es un escenario ni un objeto de asistencia. “El voluntario suele recibir más de lo que aporta”, resumió Testa.


