El Congreso de Nicaragua, dominado por el oficialismo, aprobará una reforma constitucional que establece un mandato presidencial de siete años “renovables” -cuyo mecanismo no precisó- y excluye a los partidos opositores a los que Ortega llama “golpistas” al “servicio” de Estados Unidos.
Ortega dijo que así protege al país de la injerencia de Washington, al que acusa de patrocinar las protestas de 2018, cuya represión dejó unos 350 muertos según registros de la ONU.
El gobierno de Ortega es objeto de una masiva condena internacional por su decisión de prohibir formalmente la participación de opositores en las elecciones de Nicaragua, donde gobierna con poder absoluto junto a su esposa Rosario Murillo.
La decisión del mandatario socialista se suma a otras anunciadas en la última década. Estas son las claves que explican el camino que siguió hasta consolidar su régimen:
La sucesión en juego
El exguerrillero izquierdista gobernó en la década de 1980 tras la insurrección que derrocó al dictador Anastasio Somoza. Volvió al poder en 2007 y se mantiene acusado por sus críticos de fraudulentas reelecciones y de instaurar una “dictadura dinástica”.
En 2021 encarceló a opositores con opción de vencerlo. Los señaló de “traición a la patria”, los desterró y despojó de su ciudadanía, al igual que a medio millar de activistas políticos, humanitarios, intelectuales, periodistas y sacerdotes.
Toda disidencia ya estaba anulada de facto.
Temores de traición en su partido
Con 80 años, lupus y problemas renales, Ortega reformó la Constitución en 2025 para ascender a Murillo de vice a copresidenta y supeditar a ellos todos los poderes del Estado.
Para el exaspirante presidencial Félix Maradiaga, exiliado en Estados Unidos, Ortega busca garantizar una sucesión del poder en Murillo, cinco años menor, y en Laureano, de 42, uno de sus ocho hijos en cargos públicos.
Los temores de “traición” también surgen en el interior del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, exguerrilla), varios dirigentes históricos fueron encarcelados.
Como la Unión Europea, Estados Unidos impuso sanciones al gobierno nicaragüense desde 2018.
Estados Unidos es el principal socio comercial de Nicaragua, que recibe crédito de bancos internacionales y del FMI.

Reunión “extraordinaria” en OEA
“Se acabó el tiempo de las declaraciones sin acciones”, advirtió Michael Kozak, responsable para América Latina en el Departamento de Estado, al proponer una reunión de cancilleres de la OEA para analizar medidas antes de que se apruebe la reforma.
Luciano García, miembro de un partido exiliado en Costa Rica, dice que Trump podría aplicar en Nicaragua -aliada de China y Rusia- “la vía quirúrgica, como fue la extracción de Nicolás Maduro en Venezuela”.
Pero considera que la comunidad internacional “se inclina por el camino más largo: sanciones económicas, pese al alto costo para la población”.
¿Partido único?
Las protestas de 2018 marcan un antes y un después. Casi un millón de nicaragüenses fueron al exilio, no hay prensa independiente y, además del FSLN, solo quedan partidos minoritarios afines al gobierno.
Juan Sebastián Chamorro, también excandidato preso y ahora exiliado en Estados Unidos, afirma que Nicaragua, “como China, Corea del Norte y Cuba”, formalizará un sistema de partido único con el FSLN.
Para el exdiputado Eliseo Núñez, refugiado en Costa Rica, la oposición debe apuntar a un “cambio por vía democrática”. “Otro camino activaría un nuevo ciclo de violencia”, advirtió.


