La nota diplomática entregada a Brasil por las expresiones de Luiz Inácio Lula da Silva sobre la Guerra contra la Triple Alianza abrió una discusión legítima sobre la memoria y la dignidad nacional. Sin embargo, el episodio también ofrece una oportunidad para revisar la relación bilateral con una mirada estratégica: reconocer las asimetrías, proteger los intereses paraguayos y aprovechar mejor las fortalezas que el país ya posee.
Brasil cuenta con una economía, un mercado y una influencia internacional considerablemente mayores. Esa diferencia de tamaño es evidente, pero no convierte a Paraguay en un actor sin capacidad de negociación. Ambos países mantienen una relación de interdependencia construida alrededor de la energía, el comercio, las inversiones, la producción fronteriza y la seguridad. El desafío paraguayo consiste en transformar esa interdependencia en una plataforma de desarrollo.
El principal instrumento es Itaipú. La central suministra alrededor del 90% de la electricidad utilizada en Paraguay y cerca del 7% de la consumida en Brasil. En 2025 entregó 46,68 millones de MWh al mercado brasileño y 25,77 millones al paraguayo. Nuestro país recibió, además, USD 132,07 millones como compensación por la energía cedida.
Estos datos muestran una diferencia de consumo, pero también revelan un activo extraordinario. Paraguay tiene derecho al 50% de la producción de la binacional y dispone de una energía que puede convertirse en industrias, empleos, tecnología y nuevas inversiones. El objetivo no debería limitarse a obtener una mejor compensación, sino avanzar hacia el aprovechamiento productivo de una porción cada vez mayor de la energía nacional.
La negociación del Anexo C y el vencimiento, al finalizar 2026, de la tarifa de USD 19,28 por kW/mes obligan a actuar con prudencia. La controversia histórica no debe contaminar esta agenda. Paraguay necesita una posición nacional unificada, sostenida con información técnica y capaz de trascender las diferencias partidarias. En esa mesa se discutirán ingresos, inversiones, condiciones de contratación y oportunidades para comercializar la energía paraguaya.
Itaipú pertenece jurídicamente a ambos países en igualdad de condiciones. Ninguno puede modificar unilateralmente el Tratado ni disponer de la parte que corresponde al otro. Esa igualdad constituye una fortaleza que debe administrarse con inteligencia, evitando tanto la confrontación innecesaria como la aceptación pasiva de condiciones desfavorables.
La segunda oportunidad está en el comercio. Entre enero y abril de 2026, Brasil recibió exportaciones paraguayas por USD 1.125,9 millones, equivalentes al 26,6% del total registrado. En la maquila, el 64,6% de los envíos tuvo como destino el mercado brasileño. Esta integración permitió desarrollar sectores como autopartes, cables, textiles, aluminio y plásticos.
La concentración exige cuidado, pero no debe interpretarse únicamente como debilidad. Las empresas brasileñas también encuentran en Paraguay energía, costos competitivos, estabilidad y condiciones para integrarse a cadenas regionales. Brasil representa alrededor del 15% del saldo de inversión directa en el país y ocupa una posición relevante entre los inversores extranjeros. Existe, por tanto, una comunidad de intereses que conviene ampliar y proteger.
Paraguay debe aprovechar esta base para diversificar mercados, incorporar mayor valor agregado y atraer industrias vinculadas con su disponibilidad energética. La respuesta estratégica no consiste en alejarse de Brasil, sino en negociar mejores condiciones mientras se abren destinos adicionales para la producción nacional.
La logística constituye otro frente que debe cuidarse. Los accesos terrestres hacia Paranaguá y Santos y los pasos fronterizos son esenciales para numerosas empresas paraguayas. Mantener una coordinación aduanera eficiente, evitar demoras y acelerar la habilitación plena de nuevas conexiones resulta beneficioso para ambos países.
Al mismo tiempo, Paraguay debe fortalecer sus alternativas. La hidrovía Paraguay–Paraná, la ruta bioceánica y los corredores hacia puertos argentinos, uruguayos y chilenos reducen riesgos y amplían las posibilidades de inserción internacional. Diversificar no significa reemplazar a Brasil, sino ganar capacidad de negociación y previsibilidad.
También debe preservarse la integración humana. En Paraguay residen más de 52.000 personas nacidas en Brasil. A ellas se suman familias binacionales, estudiantes, trabajadores, productores y comerciantes que cruzan cotidianamente la frontera. Ninguna controversia política debería alimentar expresiones de xenofobia, discriminación o boicots. Los vínculos entre las sociedades son más profundos y duraderos que cualquier diferencia coyuntural entre gobiernos.
La cooperación en seguridad requiere el mismo cuidado. El crimen organizado opera a ambos lados de la frontera y obliga a mantener el intercambio de inteligencia, las extradiciones y las operaciones coordinadas. Debilitar estos mecanismos solamente favorecería al narcotráfico, al contrabando y al tráfico de armas.
Paraguay también dispone de herramientas diplomáticas. En el Mercosur, las decisiones se adoptan por consenso y cada Estado tiene un voto. Esa capacidad no debe emplearse como amenaza permanente, sino como respaldo para construir acuerdos equilibrados. El país puede, además, ampliar relaciones con Uruguay, Chile, Estados Unidos, Taiwán, la Unión Europea y otros socios sin convertir la diversificación internacional en un gesto contra Brasil.
La relación bilateral debe apoyarse en una fórmula sencilla: firmeza en la defensa de la memoria, serenidad en la diplomacia e inteligencia en la negociación. Paraguay puede reclamar una respuesta sobre las expresiones de Lula, los archivos y los trofeos de guerra sin trasladar el desacuerdo a Itaipú, el comercio o la convivencia fronteriza.
Brasil tiene mayor tamaño, pero Paraguay posee soberanía, energía, estabilidad, derechos binacionales y capacidad de consenso. Bien administradas, estas fortalezas pueden transformar una relación asimétrica en una agenda de oportunidades compartidas. La dignidad nacional se defiende mejor cuando, además de mirar el pasado, el país construye una estrategia para el futuro.

