Abrazó a su hijo durante 32 horas bajo ruinas y ambos vivieron

Dayana Patiño relató a La Tribuna cómo sobrevivió junto a su bebé recién nacido durante 32 horas bajo los escombros tras el doble terremoto en La Guaira, Venezuela. Su historia de rescate, fe y resistencia se convirtió en uno de los testimonios más impactantes de la tragedia.

| Por La Tribuna
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Dayana Patiño y la periodista de La Tribu 650 AM Carolina Arévalo con imágenes de Lorenzo Galeano Vázquez.

Guaira, Venezuela, tras el doble terremoto, gracias a una estructura que impidió el aplastamiento y el rescate por parte de familiares y Protección Civil. A pesar de las graves lesiones y la pérdida total de su vivienda, la sobreviviente relató su experiencia como un mensaje de fe y resistencia al cumplirse un mes de la tragedia. La Guaira, (La Tribuna, por Carolina Arévalo y Lorenzo Galeano, enviados especiales). A un mes del doble terremoto que sacudió Venezuela, Dayana Patiño reconstruye las 32 horas que pasó bajo los escombros de su edificio junto a su hijo Juan David, entonces de apenas 17 días. La sobreviviente recibió en su casa a Carolina Arévalo, enviada especial de La Tribu 650 AM, y relató cómo logró proteger al bebé hasta que ambos fueron rescatados.

“El amor de una madre siempre salva”, resumió la periodista al iniciar la entrevista. Dayana recordó que, cuando comenzó el movimiento, estaba en su departamento con el niño y su perrita, que continúa desaparecida. “Lo primero que agarro es a mi bebé y me lo pongo en el pecho”, contó.

Vivía en el octavo piso. Cuando intentó salir, el balcón se desprendió y cayó varios metros entre las estructuras del edificio. Quedó atrapada entre dos placas de concreto, con la cabeza hacia abajo y el bebé apoyado sobre uno de sus brazos. Un pequeño banco de su casa sostuvo parte de la losa y evitó que la estructura le aplastara la cabeza.

“Yo vi cómo todo se desvaneció en un segundo”, expresó. Al recuperar la conciencia comenzó a dimensionar su situación. Primero reaccionó con rabia y miedo. “Empecé a renegar de Dios y le dije: ‘¿En serio no me vas a dar la oportunidad de criar a mi hijo y de vivir mi historia con él?’”.

Poco después sintió un objeto detrás de la cadera. Era la Biblia de su casa. “Fue como una respuesta inmediata a todas las preguntas. Como Dios diciéndome: ‘Acá estoy, tranquila, te vas a salvar’”. Desde ese momento, aseguró, se convenció de que ambos saldrían con vida.

Dayana permaneció a unos seis metros bajo los escombros, rodeada por placas, piezas del ascensor, electrodomésticos y muebles. Pese a ello, dijo que siempre tuvo aire fresco y una pequeña claridad que le permitía ver a su hijo. “Nunca estuve en una oscuridad absoluta y creo que eso hizo que no perdiera el conocimiento ni entrara en desesperación”.

Durante horas gritó pidiendo ayuda y avisando que estaba con un recién nacido, pero nadie respondía. Entonces decidió conservar fuerzas y gritar únicamente cuando escuchara pasos, motores o voces. En un momento oyó a una persona preguntar cuántos sobrevivientes había. “Yo grité: ‘Somos dos’, pensando que era conmigo”, recordó. Sin embargo, la pregunta estaba dirigida a otra mujer.

La esperanza regresó cuando escuchó la voz de su hermano. “Daya”, gritó él entre los restos. Ella respondió con toda la fuerza posible. Él consiguió oírla pese al concreto y la profundidad. “Te encontré y te prometo que no me voy de aquí hasta sacarte”, le dijo.

La familia había llegado convencida de que buscaba cuerpos, pero la madre de Dayana se negó a aceptar esa posibilidad. “Mi hija está viva, yo siento que está viva”, insistió. Sin rescatistas ni equipos especializados, familiares, amigos y vecinos comenzaron a retirar escombros con las manos y con las herramientas que pudieron conseguir.

Más tarde llegaron funcionarios de Protección Civil de Aragua, que trabajaban en otro edificio cercano. Para entonces, unas 30 personas participaban del operativo. Los rescatistas lograron abrir un acceso y alcanzaron primero al bebé, a las 30 horas y media del derrumbe.

Durante todo ese tiempo, Dayana mantuvo a Juan David junto a su corazón. Por la posición en que estaba atrapada, no pudo amamantarlo de manera consciente. Sin embargo, cree que el niño pudo haber ingerido algo de la leche que se derramó por su propio bracito mientras él mismo lo chupaba.

Ella acercaba la boca para sentir su respiración, le soplaba y controlaba la propia respiración para transmitirle calma.

El pequeño fue trasladado con hipotermia e hipoglicemia. “Cuando lo sacaron dije: ‘Ya gané’. No me importaba si yo no salía. Mi misión era salvar a mi hijo”, afirmó. Incluso pidió que le dieran fórmula porque no sabía si ella conseguiría sobrevivir.

Su extracción demandó una hora y media más. Una placa de cemento permanecía sobre su cabeza y cualquier movimiento podía provocar un nuevo derrumbe. Los rescatistas le explicaron que la sacarían bajo el criterio de “lesión por vida”: debían tirar de su cuerpo aún con el riesgo de causarle fracturas.

“Yo aquí salgo porque salgo para seguir mi historia con mi bebé”, pensó cuando comenzó la maniobra. Antes de ser retirada pidió que cuidaran su Biblia. Uno de los rescatistas la conservó y se la entregó al finalizar el operativo. Como no había espacio para una camilla, fue trasladada sobre una sábana a través de una cadena humana.

Dayana salió con fracturas severas y permanece en silla de ruedas mientras se prepara para una cirugía. Volvió a ver a su hijo dos días después, cuando ambos ya estaban estabilizados. “Lloré porque fuimos un milagro de Dios”, relató.

La familia perdió su vivienda y sus pertenencias, pero hoy cuenta con un lugar donde dormir. Dayana subrayó que otras víctimas siguen en campamentos, carpas o colchones a la intemperie. “A pesar de que somos damnificados y lo perdimos todo, tenemos donde llegar”, dijo.

Al cumplirse un mes del terremoto, su testimonio se convirtió en un mensaje de fe, resistencia y gratitud. “Mi bebé, en su corto tiempo de vida, ha transmitido amor, esperanza y fe a nivel mundial”, afirmó. Para ella, sobrevivir también significa honrar a quienes murieron y acompañar a quienes todavía buscan a sus familiares.

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