Volanta: Un mes después, La Guaira sigue entre ruinas y dolor
Titulo: Carolina Arévalo retrata la tragedia que aún golpea Venezuela
Foto: Fotografía de Lorenzo Galeano Vazquez enviado especial de La Tribuna a Venezuela.
A un mes del terremoto, Venezuela sigue buscando respuestas entre los escombros
Caracas, Venezuela. A un mes del doble terremoto que golpeó a Venezuela el 24 de junio, la periodista Carolina Arévalo, enviada de La Tribu 650 AM, describió un país atravesado por el duelo, la incertidumbre y una emergencia que todavía no termina.
La fecha coincidió con el feriado por el nacimiento de Simón Bolívar. La coincidencia tiene un peso particular: el día del terremoto también era feriado y muchas personas se habían trasladado a La Guaira para visitar a familiares, disfrutar de las playas o alojarse en hoteles.
“La Guaira es un paraíso”, resumió Arévalo al hablar de un territorio de mar, montañas y abundantes recursos naturales. Sin embargo, un mes después, esa postal convive con campamentos, refugios, edificios destruidos y familias que aún esperan noticias de sus seres queridos.
La periodista explicó que tampoco existía una agenda pública de la presidenta Delcy Rodríguez que permitiera anticipar si participaría de los actos oficiales o visitaría alguno de los campamentos. Según la información que recibió, la agenda presidencial no se divulga públicamente desde el 3 de enero.
Durante la madrugada del jueves, día 29 de la tragedia, circuló con fuerza en redes sociales la versión de que dos o tres personas habrían sido halladas con vida entre los restos de una estructura identificada como OPP 26, en La Guaira. Rescatistas venezolanos, mexicanos y brasileños trabajaron durante horas para comprobar la información.
La esperanza terminó desmentida por un comunicado de la Dirección Nacional de Protección Civil. El organismo informó que eran falsos los reportes sobre nuevos sobrevivientes. Para Arévalo, la difusión de imágenes antiguas como si correspondieran a rescates recientes golpea directamente a quienes siguen buscando a sus familiares.
“Es jugar definitivamente con el dolor de la gente”, expresó al cuestionar a quienes comparten material falso para ganar seguidores o generar interacción en las redes sociales.
La periodista también relató lo observado en Caracas y durante el trayecto de aproximadamente 180 kilómetros desde Valencia. Describió basura acumulada, edificios deteriorados, maleza en avenidas principales y numerosas fábricas completamente abandonadas.
En ese recorrido conversó con un taxista de 65 años que recordó una infancia de abundancia. Sus tres hijos viven fuera del país: dos en Canadá y una en España. La mesa familiar quedó dispersa y, según le contó, esa experiencia se repite en gran parte de las familias venezolanas.
Arévalo recordó que miles de ciudadanos de Venezuela eligieron también Paraguay para comenzar de nuevo. Para ella, los testimonios cotidianos permiten mostrar una realidad que no siempre aparece en los discursos oficiales: generaciones enteras separadas, industrias paralizadas y familias obligadas a relacionarse a distancia.
Otro eje de su cobertura fue la situación de los niños afectados. Muchos quedaron huérfanos o viven en refugios y campamentos. La periodista anunció que buscaría conocer de cerca programas de familias sustitutas y de “crianza afectiva”, destinados a acompañarlos y reducir su exposición a imágenes traumáticas difundidas en internet.
También destacó el trabajo de estudiantes de la Universidad Central de Venezuela que impulsan el movimiento solidario “Pico y Pala”. El nombre recuerda las herramientas utilizadas desde el primer día para remover los escombros y buscar a las víctimas. Los jóvenes reciben donaciones en centros de acopio para trasladarlas a los refugios.
Sin embargo, la distribución de la ayuda genera desconfianza. En los campamentos, los carteles establecen que cualquier donativo debe ser entregado a los responsables para su posterior reparto. Arévalo explicó que esta centralización despierta dudas sobre si los medicamentos, productos de higiene y demás insumos llegan efectivamente a quienes los necesitan.
Entre los testimonios recogidos en La Guaira, uno condensó la dimensión humana de la tragedia. Un hombre esperaba que las máquinas removieran los escombros para encontrar a su padre. Había perdido a varios integrantes de su familia y todavía faltaba recuperar uno de los cuerpos.
Su mensaje fue directo: pidió valorar a la familia, abrazar a los padres y aprovechar el tiempo compartido. Contó que la última nota de voz de su madre había sido un saludo por el Día del Padre. “Yo la perdí en 39 segundos”, dijo.
Arévalo sostuvo que honrar al pueblo de La Guaira exige mostrar sus dos rostros: la belleza de sus paisajes y el dolor de una comunidad que todavía vive entre ruinas, búsquedas y despedidas. Su misión, afirmó, es permanecer allí para contar lo que ocurre y rescatar la voz de quienes enfrentan la tragedia en medio de una incertidumbre que persiste.


