Washington (EFE). Los documentos divulgados por la Casa Blanca durante su discurso del jueves, donde denunció un fraude masivo en los comicios del 2020, no concluyen que las máquinas fueran manipuladas ni que se alterara la victoria legítima de Joe Biden.
Las sostenidas acusaciones de Trump sobre irregularidades estructurales en el 2020 no han sido avaladas con pruebas empíricas. Los expedientes, hechos públicos en la web de la Casa Blanca para acompañar su intervención no permiten de ninguna manera concluir que la derrota del republicano se debiera a una vulneración fraudulenta de los sufragios.
Contradicciones en los propios informes oficiales
De hecho, un análisis de los textos desclasificados revela que algunos llegan a una conclusión diametralmente opuesta a la narrativa expuesta. “Consideramos que los sistemas de recuento de votos serían difíciles de manipular a una escala lo suficientemente amplia como para comprometer los resultados electorales”, señala de forma textual uno de los memorandos técnicos adjuntados por la propia administración.
Además de apuntar a presuntos fallos sistémicos en el recuento, Trump aseguró que poseía archivos demostrando que, desde el 2020, se produjo “la mayor vulneración de datos electorales de la historia”. Esta supuesta brecha habría permitido a China “obtener de manera ilícita” los registros privados de más de 220 millones de votantes estadounidenses, un reclamo inédito.
El foco en China y la omisión de la injerencia rusa
Durante su discurso, el mandatario centró sus denuncias en Pekín, omitiendo deliberadamente a países rivales como Irán y Rusia. Esta omisión resulta llamativa porque uno de los documentos de mayor peso aportados por la Casa Blanca, elaborado por el Centro Nacional de Inteligencia (NIC, por sus siglas en inglés), establece categóricamente que el país que más esfuerzos organizados realizó por influir en los comicios del 2020 fue Rusia, y no el gigante asiático.
En otro informe estratégico publicado en el 2021, la misma agencia concluyó con “alta confianza” que China no intentó influir directamente en el resultado electoral. Las agencias determinaron que las tentativas de oponerse a la reelección de Trump ocurrieron a través de campañas de propaganda en redes sociales y declaraciones públicas, pero nunca mediante una injerencia cibernética directa en las urnas.
El documento fijaba su postura sin margen de interpretación: “Consideró, pero no implementó, esfuerzos de influencia con la intención de alterar el resultado de las elecciones de EE.UU. Tenemos plena confianza en esta conclusión”.
Presión legislativa y dura respuesta demócrata
En clara sintonía con las evidentes contradicciones de estos textos, figuras del Partido Demócrata criticaron la intervención de Trump. La oposición considera que, además de cuestionar la integridad del sistema electoral, el objetivo central del discurso es presionar a los republicanos para aprobar la Save Act. Este polémico proyecto de ley obligaría a exigir pruebas físicas de ciudadanía para votar en elecciones federales.
La propuesta ya fue aprobada por la mayoría conservadora en la Cámara de Representantes, pero aún debe pasar por la compleja barrera del Senado, donde choca con el unánime rechazo demócrata.
“Esta noche Trump hizo un intento verdaderamente patético de negar lo que todos sabemos que es cierto: perdió las elecciones del 2020”, denunció tajantemente el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer.
El gobernador de California, Gavin Newsom, fue un paso más allá y apuntó en la red social X que el país había asistido a “las divagaciones de un rey loco”. Newsom denunció que el verdadero objetivo táctico del discurso fue intentar sembrar la duda de forma anticipada para influir negativamente en las cruciales elecciones de medio mandato del próximo 3 de noviembre.
“Antes de que se haya emitido un solo voto en las urnas, él ya está preparando el terreno para manipular estos comicios y convencerte a ti de que no confíes en los resultados democráticos si no le favorecen”, escribió.


