Washington (AFP). En medio de un clima de alta polarización política en la capital estadounidense, los senadores demócratas sometieron ayer miércoles a un minucioso y agresivo escrutinio a Jay Clayton, el candidato de Donald Trump para el estratégico cargo de director de Inteligencia Nacional (DNI). La esperada audiencia, celebrada ante el Comité de Inteligencia del Senado, sacó a la luz las profundas divisiones en torno a la independencia del aparato de seguridad del país bajo la administración republicana. Clayton, un funcionario que hasta ahora fungía como fiscal federal del Distrito Sur de Nueva York, se enfrentó a un continuo aluvión de preguntas enfocadas en dos ejes centrales: las polémicas citaciones judiciales que emitió recientemente para investigar a periodistas y su postura oficial sobre el resultado de las elecciones del 2020.
Evasivas sobre las elecciones presidenciales del 2020
Uno de los momentos de mayor fricción en el Capitolio tuvo lugar cuando los legisladores de la oposición demócrata presionaron de forma reiterada a Clayton para que declarara clara y contundentemente quién fue el ganador legítimo de las elecciones presidenciales del 2020. Esta línea de interrogatorio buscaba establecer si el candidato tendría la independencia necesaria para contradecir a Trump. El presidente repite con frecuencia la afirmación, desestimada legalmente, de que él venció a Joe Biden pero fue despojado de la victoria por un fraude masivo.
Ante la enorme presión del comité, Clayton optó por una estricta y calculada cautela diplomática. Afirmó repetidamente que Joe Biden fue “certificado” como el ganador formal del proceso, pero evitó en todo momento utilizar explícitamente la frase de que el demócrata “ganó”. Esta marcada reticencia encendió alarmas entre quienes temen que la comunidad de inteligencia pueda politizarse en lugar de guiarse por hechos.
Libertad de prensa y un nombramiento postergado
Otro frente importante de confrontación abordó el historial de Clayton frente a la libertad de prensa. Los demócratas lo cuestionaron con dureza acerca de las citaciones judiciales que emitió para forzar a periodistas de The New York Times a testificar ante un gran jurado, luego de que el diario publicara un informe sobre preocupaciones de seguridad ligadas a un avión donado por Catar, en el cual Trump viajó a Turquía.
Al defender estas acciones, Clayton apeló a la protección de datos clasificados. “Si están en juego intereses de seguridad nacional, a mi entender es de vital importancia que no exista ninguna área sin visibilidad”, dijo el nominado.
La comparecencia de Clayton debía haberse realizado el mes pasado. No obstante, Trump canceló abruptamente la audiencia para presionar al Congreso a respaldar un proyecto sobre restricciones al voto. Esa maniobra dejó a Bill Pulte, un funcionario de vivienda leal a Trump, como jefe interino de inteligencia durante varias semanas, período en el que despidió a decenas de oficiales claves.
El futuro del espionaje y la vital Sección 702
A pesar del fuerte choque partidista, la nominación de Clayton seguiría su curso. El senador republicano Tom Cotton adelantó que la votación decisiva tendría lugar la próxima semana. De confirmarse, la llegada de Clayton pondría un cierre inmediato a la gestión de Pulte, lo cual destrabaría en el Congreso un debate sumamente urgente: la renovación de la Sección 702 de la Ley FISA.
Este estratégico programa permite a las agencias realizar operaciones de vigilancia sin orden judicial de individuos extranjeros fuera del territorio de los Estados Unidos. La Sección 702 expiró el mes pasado después de que los congresistas rechazaran una prórroga a corto plazo, impulsados principalmente por su inconformidad ante el cuestionado nombramiento interino de Pulte. El nuevo liderazgo sería el pase libre para reactivar el programa.


