Nueva York (EFE). La tragedia volvió a golpear a la comunidad inmigrante en Estados Unidos, trascendiendo fronteras como un tenso conflicto diplomático. El pasado lunes, Johan Sebastián Durán Guerrero, ciudadano colombiano de 26 años, perdió la vida tras ser baleado por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Biddeford, Maine, donde residía junto a su esposa y su hija de tres años. El hecho, enmarcado en la implacable campaña de redadas y deportaciones impulsada por Donald Trump, desató un fuerte choque internacional luego de que el presidente Gustavo Petro calificara el acto como un “asesinato” y exigiera explicaciones inmediatas a Washington, encendiendo nuevamente las alarmas sobre la creciente violencia en estos operativos.
Un operativo fatal bajo la lupa de las autoridades
El incidente armado se desarrolló durante un control vehicular rutinario que escaló dramáticamente. Según la versión oficial de la autoridad migratoria estadounidense, Durán Guerrero se encontraba en situación “irregular” y pesaba sobre él una orden de expulsión inmediata del país. El servicio aseguró que el joven intentó huir y que un agente le disparó velando “por la seguridad pública”. Esta versión oficial contrasta fuertemente con los reportes de las organizaciones sociales que indicaban desde un principio que la víctima poseía un permiso de trabajo.
La noticia trascendió con rapidez cuando Ryan Fecteau, líder de la Cámara de Representantes de Maine, emitió un mensaje confirmando el grave hecho: “Una persona ha fallecido. El ICE está implicado”. En respuesta, la Policía local acordonó la zona para iniciar las pericias criminalísticas. Sin embargo, por la participación directa de una agencia federal, las autoridades estatales esperan la pronta intervención del FBI para garantizar total imparcialidad.
Indignación social y un fuerte reclamo de transparencia
La confirmación de la identidad de la víctima generó una profunda indignación que movilizó a defensores de los derechos humanos. Entidades como la Coalición por los Derechos del Inmigrante de Maine (MIRC) y Presente! se declararon devastadas. Subrayaron enfáticamente que Johan Sebastián era un miembro valioso y respetado de la comunidad local. Las agrupaciones denunciaron un hecho profundamente inquietante: agentes migratorios continuaron operando en la zona horas después del tiroteo fatal. Por ello, exigen que el ICE no se investigue a sí mismo y demandan la preservación absoluta de las cámaras corporales.
A esta unánime condena se sumó Crystal Cron, directora ejecutiva de Presente!, quien aseguró que toman medidas de emergencia para proteger a una familia destrozada que hoy pide privacidad. Cron afirmó categóricamente que no permitirán que esta inaceptable muerte se reduzca a una simple nota al pie en las frías estadísticas de aplicación de la ley de esta cuestionada administración gubernamental.
Choque diplomático y un preocupante historial de violencia
La tragedia escaló hasta la presidencia de Colombia. El mandatario Gustavo Petro reaccionó con manifiesta dureza en la red social X: “Lo que ha ocurrido en Maine es un asesinato a un colombiano latinoamericano en manos del gobierno de los EE.UU.”. Petro denunció además que al joven “lo mataron por creerlo un ser inferior y sin derechos”, exigiendo que los asesinos paguen por su homicidio y que Trump brinde explicaciones. Este suceso enciende de nuevo los roces históricos entre ambos líderes, quienes ya chocaron en el 2025 cuando Estados Unidos deportó a ciudadanos colombianos esposados.
El asesinato se enmarca en un contexto innegablemente alarmante en todo el territorio. La conmoción se agrava al ocurrir apenas días después de que otro agente del ICE matara al migrante mexicano Lorenzo Salgado Araujo durante un operativo en Houston, Texas. Grupos de derechos humanos denuncian constantes abusos sistemáticos en esta persecución migratoria. Las estadísticas resultan verdaderamente desoladoras: al menos seis personas han muerto este año por disparos de agentes migratorios en el país, como los estadounidenses Alex Pretti y Renée Good en Minesota.


