Ginebra (EFE). En medio de un panorama mundial marcado por la inestabilidad y los conflictos, las mujeres y las niñas están pagando el precio más alto. Según un reciente informe presentado este viernes en Ginebra por la agencia ONU Mujeres, al menos un millón de mujeres y niñas han perdido el acceso a servicios esenciales desde inicios del año 2025. Esta cruda realidad es consecuencia directa de una drástica reducción en la financiación de la asistencia internacional, un salvavidas del que dependen millones.
El panorama es sombrío: dos de cada cinco de estas entidades consideran que cerrarán sus puertas definitivamente el próximo año. Esta crisis coincide trágicamente con el mayor nivel de conflictos armados en ocho décadas y un aumento sin precedentes de las necesidades humanitarias globales, afectando hoy a 120 millones de mujeres en todo el mundo.
El peso de la violencia y los conflictos armados
Según los datos revelados, como consecuencia de esta dramática situación, también aumentó de manera alarmante la violencia sexual ejercida contra las mujeres en escenarios de conflictos, una cifra que lamentablemente se duplicó a lo largo de 2025.
Esto resulta vital en naciones severamente castigadas como Afganistán, la República Democrática del Congo, Haití y muchos otros territorios inestables. Allí, estos grupos femeninos continúan operando de manera valiente, brindando apoyo médico y psicológico, además de refugio, cuando otros actores internacionales no pueden hacerlo por cuestiones de seguridad o por el retiro masivo de fondos.
Para comprender mejor la profundidad del problema, ONU Mujeres consultó a 855 organizaciones de mujeres que se mantienen activas en 52 países afectados por conflictos y crisis profundas. A partir de la información directa obtenida en los territorios, el organismo internacional señaló que nueve de cada diez agrupaciones reconocen que la situación las superó y que ya no pueden atender todas las necesidades existentes en su población local.
Decisiones difíciles y personal sin salario
La mitad de las instituciones consultadas ha comenzado a establecer largas listas de espera o, en los casos más extremos y dolorosos, a rechazar a personas vulnerables que se acercan a sus puertas a solicitar ayuda desesperadamente. Mientras tanto, el 63% ha tenido que reducir drásticamente sus servicios en las comunidades rurales y remotas, que son precisamente las zonas que tienen menos alternativas de asistencia estatal.
El 86% de las organizaciones consultadas asegura haber registrado un fuerte aumento de la violencia de género y familiar en las comunidades donde trabaja de forma habitual. A esto se suma un dato escalofriante: el 62% afirma que los espacios seguros para mujeres y niñas han desaparecido por completo por falta de fondos para alquileres o se han reducido de forma muy significativa. También hay un daño enorme e irreversible en la educación, ya que ocho de cada diez organizaciones han observado en el último año un marcado aumento del abandono escolar por parte de las niñas.
El sostenimiento de lo poco que queda recae hoy en día en el puro voluntariado. “El 65% de las entidades dirigidas por mujeres afirmó que parte de su personal sigue trabajando todos los días sin recibir su salario”, detalló con preocupación a los periodistas la responsable de Acción Humanitaria del organismo, Sofia Calltorp.
“Cada dólar retirado de las organizaciones de mujeres es un dólar retirado a las supervivientes de violencia sexual, a las madres desplazadas que no tienen qué darles de comer a sus familias, a las niñas obligadas a abandonar la escuela y a comunidades enteras que luchan por sobrevivir”, lamentó la funcionaria durante la conferencia de prensa en Suiza.
Finalmente, ONU Mujeres alertó a los líderes globales que el desmantelamiento de estas organizaciones comunitarias no solo quita la asistencia inmediata de emergencia, sino que debilita gravemente la participación de las mujeres en el liderazgo social y frena de golpe la histórica defensa de la igualdad de género.


