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Colapso agrava crisis mientras la isla acelera su transición solar

Cuba enfrenta desde este viernes un nuevo apagón total, el segundo en cinco días y el noveno desde fines de 2024. La severa crisis energética, agravada por el bloqueo petrolero y el deterioro de su red, paraliza a la isla mientras el gobierno apuesta por la energía solar.

| Por La Tribuna
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Vecinos de La Habana se reúnen en la acera frente a sus hogares para escapar del calor y compartir la espera durante un apagón generalizado en la isla.

La Habana (AFP). En la tarde de ayer viernes, a las 16:30 hora local (20:30 GMT), la estatal Unión Eléctrica de Cuba (UNE) confirmó a través de la red social X lo que millones de ciudadanos ya padecían en sus hogares: la “desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional”. Este apagón generalizado no es un hecho aislado, sino el segundo en apenas cinco días, evidenciando la extrema fragilidad de su infraestructura y profundizando una de las peores crisis de la historia reciente del país.

Un sistema obsoleto y el peso del bloqueo

Las estadísticas oficiales son contundentes: este es el cuarto colapso absoluto a nivel nacional en menos de seis meses y el noveno registrado desde finales del año 2024. El incidente previo al de este viernes se produjo el lunes pasado, originado por una combinación de fluctuaciones de voltaje y una caída en la generación de electricidad. En aquella ocasión, la UNE recién logró restablecer la operatividad total del sistema en la jornada del miércoles, tras un complejo proceso de recuperación.

Las autoridades del sector han señalado que la imposibilidad de una reactivación rápida radica en la profunda escasez de combustible. Esta carencia se ve drásticamente agravada por el estricto bloqueo petrolero que la administración de Washington impone a la isla desde enero, asfixiando la capacidad de La Habana para importar el crudo y el diésel de respaldo necesarios para operar.

Sin embargo, el problema trasciende la coyuntura y se hunde en el deterioro estructural. La generación eléctrica del país descansa sobre una red de siete centrales térmicas obsoletas. Gran parte de esta infraestructura ha sobrepasado holgadamente las cuatro décadas de explotación ininterrumpida y sufre averías mecánicas crónicas que exigen paradas de mantenimiento frecuentes.

El impacto devastador en la vida cotidiana

La desconexión intermitente o total moldea el ritmo de vida de los habitantes, quienes deben planificar su día a día en torno a los escasos momentos en que el flujo eléctrico regresa a sus hogares.

En La Habana, los cortes de luz diarios superan habitualmente las 24 horas continuas, una situación insostenible que paraliza el transporte, impide la conservación de alimentos básicos y afecta el suministro de agua. El escenario es aún más desolador en el interior de la isla y en las provincias orientales, donde las interrupciones del servicio alcanzan niveles críticos, superando en muchas localidades las 70 horas consecutivas sin electricidad.

Afectando la atención en los hospitales, el funcionamiento de las escuelas, y empuja a muchas familias a buscar alternativas desesperadas como generadores con diésel escaso o leña para cocinar.

La transición contrarreloj hacia la energía solar

Ante la evidencia de que el modelo basado en hidrocarburos importados y en una infraestructura envejecida está agotado, el gobierno cubano busca desesperadamente un salvavidas en las fuentes renovables. Con el objetivo estratégico de reducir su dependencia del petróleo extranjero y sortear la crisis, La Habana ha lanzado un fuerte plan de inversiones enfocado en la energía solar, respaldado técnica y financieramente por aliados clave como China.

De acuerdo con las autoridades energéticas, entre 2025 y principios de 2026, la isla instaló exitosamente 56 nuevos parques solares fotovoltaicos. Esta nueva red de energía limpia ya es capaz de inyectar más de 1.000 megavatios (MW) al precario Sistema Eléctrico Nacional, lo que representa hoy el 10% de la producción total de electricidad del país.

El salto cuantitativo es notable en perspectiva: a finales de 2024, la cuota solar en la matriz energética apenas rozaba un 3%. La meta de las autoridades es alcanzar un 15% de participación para cuando concluya este 2026. Aunque esta ambiciosa transición verde ofrece una luz de esperanza a medio plazo, el apagón generalizado que ensombreció a la isla este viernes demuestra que Cuba aún deberá transitar un complejo camino antes de dejar atrás su vulnerabilidad energética.

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