El ciudadano venezolano, José Miguel Rodríguez relató el panorama devastador que atraviesa la zona costera de La Guaira, tras los dos movimientos telúricos consecutivos en la zona.
Las réplicas destructivas, alcanzaron magnitudes de 7.1 y 7.4 en la escala de medición sismológica durante la última semana. Según los datos recabados, el desplome completo de más de 200 edificios residenciales de gran altura mantiene a miles de personas bajo las estructuras colapsadas.
Los afectados directos, enfrentan una emergencia humanitaria severa debido a la falta absoluta de suministro de agua potable y energía eléctrica.
Parálisis logística y crisis de combustibles
La escasez extrema de carburantes traba el desplazamiento de los equipos pesados de remoción de escombros en los epicentros del desastre. Las declaraciones del poblador, se compartieron en un relato directo desde la zona devastada, emitido en el programa Tribu nativa por La Tribu 650 AM.
Las maquinarias pesadas, permanecen paradas en los accesos viales debido a la falta de provisión de gasolina en las estaciones locales. El bloqueo aduanero, obstruyó parcialmente el ingreso de las delegaciones rescatistas internacionales bajo argumentos de seguridad fronteriza dictados por el poder ejecutivo.
Solidaridad ciudadana y desabastecimiento hospitalario
La reacción organizada de la comunidad organizada logró suplantar la inacción de las dependencias gubernamentales en los centros asistenciales públicos.
Los propios ciudadanos, financian la compra de insumos médicos y medicinas esenciales en las redes farmacéuticas privadas para donarlos a los heridos ingresados.
Los médicos de guardia, confirman el abarrotamiento crónico de las salas de urgencias por la llegada constante de sobrevivientes rescatados de los escombros. Los grupos vecinales, asumen la distribución directa de equipos de higiene personal en los barrios más golpeados por el sismo.
Denuncias de hurtos en zonas de desastre
La inseguridad ciudadana se instaló en los perímetros de los siniestros debido al comportamiento irregular de las fuerzas públicas desplegadas. Los familiares damnificados, capturaron evidencias audiovisuales sobre el robo de pertenencias particulares que quedaron expuestas entre las paredes caídas de los apartamentos.
Las denuncias públicas, salpicaron a malos policías que aprovechan la confusión generalizada para saquear los bienes de los fallecidos y desaparecidos en la catástrofe. Las patrullas militares, intentan restablecer el control del orden para frenar la delincuencia en los sectores vulnerables.
Proyecciones de muertes y ocultamiento oficial
La cuantificación de las pérdidas humanas genera fuertes discrepancias entre las carteras gubernamentales y los organismos de cooperación internacional.
El coordinador de las Naciones Unidas solicitó de urgencia la adquisición de 10.000 bolsas de resguardo para cadáveres ante la magnitud real de la tragedia. La reconstrucción histórica, anticipa que el impacto final superará los registros mortales del deslave ocurrido en el año 1999 en esa misma región geográfica.
Con este reporte crítico sobre la realidad, el entrevistado se dispuso a retomar las tareas comunitarias de distribución de auxilio.


