Uruguay volvió a posicionarse a la vanguardia de las políticas vinculadas a drogas y salud mental en América Latina tras autorizar el inicio de ensayos clínicos con psilocibina para el tratamiento de la depresión grave.
La autorización fue otorgada en 2023 por el Ministerio de Salud Pública uruguayo, a través de la Comisión Nacional de Ética en Investigación, y permitirá avanzar hacia estudios clínicos centrados inicialmente en pacientes oncológicos.
La investigación será desarrollada por el Núcleo Interdisciplinario de Estudios sobre Psicodélicos Arché, integrado por especialistas de la Universidad de la República. Según explicó el investigador Ismael Apud, el equipo espera concretar este año el financiamiento necesario para poner en marcha el proyecto.
Apud señaló que el enfoque no se centra únicamente en el uso de la sustancia, sino en lo que denominan “terapia asistida con psicodélicos”, donde también influyen el contexto emocional, psicológico y ambiental del paciente durante el tratamiento.
La psilocibina es un compuesto natural presente en más de cien especies de hongos y actualmente es considerada una de las sustancias con mayor desarrollo científico dentro del campo de los psicodélicos clásicos serotoninérgicos. Diversos estudios internacionales investigan su potencial aplicación en casos de depresión, ansiedad y adicciones.
El psiquiatra Frank Lozano Jara explicó que una de las principales hipótesis científicas apunta a la capacidad de la psilocibina para generar cambios en la conectividad cerebral, fenómeno asociado a la llamada plasticidad neuronal.
Según detalló, investigaciones realizadas en modelos animales muestran indicios de una mayor capacidad de conexión cerebral tras la exposición a psicodélicos. Además, estudios con neuroimágenes en humanos detectaron ciertos cambios funcionales en el cerebro relacionados con la experiencia psicodélica.
No obstante, el especialista aclaró que la evidencia científica todavía es limitada y que el uso terapéutico de la psilocibina aún no fue aprobado oficialmente para tratar trastornos mentales. También remarcó que el número de personas estudiadas sigue siendo reducido, por lo que las recomendaciones médicas continúan siendo cautelosas.
A pesar de ello, los investigadores consideran que este tipo de estudios abre nuevas posibilidades dentro del tratamiento de enfermedades vinculadas a la salud mental y sostienen que los avances científicos podrían ofrecer alternativas futuras para pacientes con cuadros graves de depresión.


