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Adorni queda contra las cuerdas: viajes, hoteles y sospecha

Manuel Adorni enfrenta denuncias, cuestionamientos por gastos en Bariloche y Punta del Este, dudas sobre su patrimonio y una imagen negativa superior al 70%, en medio de una crisis que golpea al Gobierno de Javier Milei.

| Por La Tribuna
Jefe de Gabinete de Milei, denunciado por corrupción, dice que no cometió "ningún delito" AME7625. BUENOS AIRES (ARGENTINA), 29/04/2026.- El jefe de Gabinete del Gobierno argentino, Manuel Adorni, camina al culminar la presentación de un informe de gestión este miércoles, en la Cámara de Diputados en Buenos Aires (Argentina). Adorni, rechazó las acusaciones de corrupción en su contra, negó haber cometido delito alguno y aseguró que probará su inocencia ante la Justicia. EFE/ Matías Martín Campaya (Matías Martín Campaya/EFE)

El caso Manuel Adorni dejó de ser una polémica lateral y comenzó a instalarse como una pregunta incómoda para el oficialismo: cuánto puede resistir un jefe de Gabinete cuando su figura, antes útil para ordenar el relato público, se convierte en un foco de desgaste. La oposición encontró en sus viajes, consumos y patrimonio un flanco sensible; el Gobierno intenta cerrar filas mientras mide el daño sobre su imagen.

El diputado Rodolfo Tailhade, de Unión por la Patria, volvió a cargar contra Adorni y elevó el tono de sus señalamientos. Habló de un presunto caso de corrupción en expansión y afirmó que está dispuesto a llevar más información ante la Justicia si el oficialismo decide denunciarlo. Su desafío busca convertir una eventual respuesta en una vidriera judicial para nuevas revelaciones. Según el legislador, no hubo espionaje ni maniobra clandestina: sostuvo que Bettina Angeletti, esposa del funcionario, se mueve en lugares públicos con custodia, por lo que rechazó la hipótesis de una acción ilegal.

Tailhade también apuntó contra el área de Seguridad y mencionó a Alejandra Monteoliva al advertir que, si se impulsa una presentación contra él, deberán explicarse los criterios de custodia de la familia del jefe de Gabinete. En el centro de su ofensiva aparece una contradicción política: un espacio que prometió combatir privilegios aparece ahora atravesado por sospechas sobre gastos difíciles de justificar.

Uno de los capítulos más sensibles es el viaje atribuido a Adorni a Punta del Este. Tailhade afirmó que el funcionario participó allí de una actividad privada para empresarios en la Torre Trump, con entradas cercanas a los mil dólares por asistente. La acusación abre preguntas sobre incompatibilidades, financiamiento y uso del cargo, aunque esas derivaciones dependerán de lo que sea probado en sede judicial.

A ese frente se suma la información sobre una escapada familiar a Bariloche. Según publicaciones periodísticas incorporadas a la disputa política, la familia de Adorni habría gastado más de nueve millones de pesos durante su estadía. De ese total, 4,9 millones corresponderían al alojamiento y 2,5 millones a excursiones, comidas y servicios como la peluquería del hotel Llao-Llao. La elección del complejo, uno de los más exclusivos del país, reforzó la lectura de un estilo de vida difícil de compatibilizar con los ingresos declarados del funcionario, cuyo sueldo hasta 2026 habría rondado los tres millones de pesos mensuales.

El dato que más ruido generó fue la forma de pago. De acuerdo con esas publicaciones, la cuenta del hotel se habría abonado cuatro meses después de la salida, una facilidad que no suele estar disponible para cualquier huésped. En el mismo paquete de cuestionamientos aparecen otros episodios mencionados por la prensa y la oposición: traslados a Punta del Este en avión privado, un pasaje en clase ejecutiva a Nueva York para su pareja y vacaciones en Aruba. Cada pieza, aislada, puede tener explicación; juntas, construyen una narrativa de privilegio que erosiona el discurso de austeridad.

El desgaste tiene traducción en encuestas. El consultor Gustavo Córdoba adelantó en C5N datos de Zuban Córdoba según los cuales la imagen negativa de Adorni llega al 72%, mientras la positiva queda en 16%. Ese registro lo ubica en zona de alarma para cualquier funcionario con alta exposición pública, más aún para alguien que debe ordenar mensajes y representar la voz institucional del gabinete.

La tensión quedó expuesta durante su paso por la Cámara de Diputados, donde presentó el informe de gestión y debió responder más de 2.100 preguntas de los bloques. Allí buscó cerrar la discusión con una defensa tajante: negó haber cometido delitos y descartó renunciar. Pero la escena no alcanzó para despejar el temporal: si cada aparición del jefe de Gabinete requiere un operativo defensivo de todo el Gobierno, su función empieza a perder eficacia.

El dilema para Javier Milei es político antes que administrativo. Sostener a Adorni puede ser leído como señal de firmeza, pero también como una carga que consume agenda y credibilidad. La paradoja es evidente: un funcionario pensado para comunicar termina obligando al Ejecutivo a explicarlo. Y en un Gobierno que hizo de la transparencia una bandera, la sombra de los consumos suntuarios se vuelve una grieta difícil de disimular.

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