EFE. Taiwán suspendió la visita oficial que el presidente Lai Ching-te tenía previsto realizar este 22 de abril a Esuatini, su único aliado diplomático en África, después de que tres países del continente revocaran los permisos de sobrevuelo para el avión presidencial. La decisión fue interpretada en Taipéi como una señal directa de la presión que, según denuncia la isla, ejerce China para reducir todavía más su margen de acción internacional.
La cancelación fue confirmada por las autoridades taiwanesas y quedó plasmada también en un comunicado difundido por la representación de Taiwán, en el que se afirma que Seychelles, Mauricio y Madagascar retiraron la autorización “debido a presiones y coerción económica por parte de China”. Ante ese escenario, el gobierno resolvió suspender el viaje.
El secretario general de la Presidencia, Pan Men-an, sostuvo que la medida fue “inesperada y sin justificación” y la calificó como un hecho sin precedentes, al remarcar que sería la primera vez que un mandatario taiwanés debe cancelar una visita al exterior por la revocación de permisos aéreos. Lai iba a participar en actividades oficiales junto al rey Mswati III durante una gira de cinco días, en lo que iba a ser su segundo viaje internacional desde que asumió el poder en mayo del 2024.
El episodio vuelve a poner en primer plano la disputa entre Pekín y Taipéi por el reconocimiento diplomático y por el acceso de Taiwán a la escena global. China considera a la isla una parte inalienable de su territorio y en los últimos años ha intensificado los esfuerzos para aislarla, reduciendo el número de países que mantienen vínculos oficiales con el gobierno taiwanés. Hoy, Taiwán cuenta con apenas doce aliados diplomáticos.
Pero la controversia excede el plano bilateral. En su comunicado, Taiwán condenó lo que definió como una “injerencia del gobierno chino en la aviación civil” y advirtió sobre el riesgo de politizar las Regiones de Información de Vuelo. “La soberanía es un principio fundamental que debe ser respetado”, señaló el texto, al tiempo que llamó a los países a evitar dependencias económicas que puedan traducirse en condicionamientos políticos.
Más allá de la pulseada entre ambos gobiernos, el caso deja abierta una inquietud mayor: hasta qué punto decisiones administrativas soberanas, como un permiso de sobrevuelo, pueden convertirse en herramientas de presión geopolítica. Para Taiwán, no se trata solo de un viaje cancelado, sino de otro avance en la disputa por su espacio internacional.


