Trump quedó atrapado en una ofensiva sin salida clara

David E. Sanger, uno de los analistas de política exterior más reconocidos de The New York Times, describe en este artículo cómo Donald Trump quedó atrapado en una estrategia sin salida clara frente a Irán. La nota sostiene que, tras más de un mes de guerra y pese a la promesa presidencial de resolver el conflicto en “dos o tres semanas”, la Casa Blanca no logró cumplir sus objetivos centrales y enfrenta un escenario cada vez más complejo.

| Por La Tribuna
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dirige a la nación desde el Cross Hall de la Casa Blanca, en Washington DC, Estados Unidos, el 1 de abril del 2026. (EFE) (DOUG MILLS / POOL/EFE)

Según el texto, las conversaciones con Irán para intentar poner fin al conflicto avanzan con escasas señales de éxito. Al mismo tiempo, varios de los resultados que Trump presentó como alcanzables siguen lejos de concretarse: impedir que Teherán conserve material apto para desarrollar un arma nuclear, favorecer un eventual derrumbe del régimen iraní y reabrir plenamente el Estrecho de Ormuz, clave para el comercio mundial de petróleo.

Sanger remarca que la resistencia iraní resultó mucho mayor de lo que Trump esperaba. Aunque Irán sufrió fuertes pérdidas militares, todavía conserva capacidad de ataque y siguió lanzando misiles contra Israel incluso mientras el presidente estadounidense hablaba públicamente sobre la guerra. Esa persistencia debilita el mensaje de control que buscaba transmitir Washington.

El artículo también subraya que el discurso televisado de Trump, pensado para tranquilizar a los estadounidenses y a los mercados, no produjo el efecto deseado. Por el contrario, tras su intervención los precios del petróleo subieron con fuerza, reflejando el escepticismo de los inversores. El principal motivo fue la falta de un plan concreto para resolver la crisis en el Estrecho de Ormuz, un punto neurálgico cuya inestabilidad repercute de manera directa en la economía global.

Uno de los ejes de la nota es la contradicción permanente en la narrativa de Trump. A lo largo del conflicto, el mandatario osciló entre distintas posiciones: primero alentó a los iraníes a rebelarse contra su gobierno; luego afirmó que el cambio de régimen no era el objetivo de Washington; más tarde sugirió que ese cambio ya se había producido por la muerte de antiguos líderes. Para Sanger, ese vaivén demuestra que la Casa Blanca carece de una estrategia coherente y que el presidente sigue apelando a una lógica de improvisación política que puede funcionar en campaña o en los negocios, pero no necesariamente en una guerra.

El análisis también pone el foco en la brecha entre los anuncios de Trump y la realidad militar. Mientras por momentos asegura que la retirada estadounidense podría comenzar en dos semanas, en otros deja entrever operaciones mucho más ambiciosas, como la posibilidad de tomar la isla iraní de Kharg, desde donde sale gran parte del petróleo de exportación del país. Sin embargo, el artículo advierte que una ocupación de ese tipo sería extremadamente difícil de sostener y podría arrastrar a Estados Unidos a un conflicto prolongado.

Sanger señala además que Trump exige colaboración de sus aliados, pero al mismo tiempo los tensiona. Los gobiernos europeos, molestos por no haber sido consultados antes del inicio del conflicto y preocupados por sus consecuencias energéticas y económicas, comenzaron a debatir sus próximos pasos sin participación estadounidense. En ese contexto, el presidente norteamericano incluso volvió a agitar amenazas contra la OTAN, aunque sus propios asesores reconocen que cualquier esfuerzo serio para custodiar el estrecho de Ormuz podría requerir cooperación internacional durante años.

Otro punto central del artículo es la ambigüedad sobre el programa nuclear iraní. Trump justificó el inicio de la guerra por la amenaza que representaban las reservas de uranio enriquecido de Teherán. Sin embargo, más tarde relativizó el problema al declarar que ese material estaba demasiado profundo bajo tierra como para preocuparle en lo inmediato. Para Sanger, esa afirmación resulta sorprendente, porque contradice más de una década de discursos del propio Trump sobre el peligro existencial de una Irán con capacidad nuclear.

En el cierre, el periodista plantea que ninguna de las alternativas que hoy se abren luce sencilla. Si Washington se retira pronto, podría hacerlo sin haber alcanzado sus objetivos. Si decide profundizar la ofensiva, el conflicto puede expandirse todavía más. Por eso, la conclusión de Sanger es tajante: Trump prometió una guerra corta y controlable, pero terminó encerrado en una crisis donde cada salida posible implica costos altos, riesgos estratégicos y un futuro incierto.

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