El gobierno del ultraderechista José Antonio Kast retiró ayer martes el apoyo de Chile a la candidatura de la expresidenta Michelle Bachelet para la secretaría general de la ONU, aunque la exmandataria seguirá en carrera con el respaldo de México y Brasil.
Bachelet había sido postulada por el gobierno de Gabriel Boric junto con esos dos países. La exjefa de Estado, de 74 años, pediatra de profesión y única mujer en llegar a la presidencia chilena, gobernó en dos períodos: 2006-2010 y 2014-2018.
La Cancillería chilena justificó la decisión al señalar que la “dispersión de candidaturas” en América Latina y las diferencias con actores clave que influyen en la definición del cargo vuelven inviable la postulación y sus posibilidades de éxito. Kast, por su parte, afirmó ante la prensa que promover la candidatura de Bachelet implicaría “un costo importante” para Chile. Pese al retiro del respaldo, el gobierno anunció que tampoco apoyará a ninguno de los otros aspirantes.
Tras conocerse la decisión, Bachelet aseguró en un comunicado que continuará trabajando con los gobiernos de Brasil y México, que sostienen su nombre como parte de un proyecto colectivo.
La expresidenta es una de las candidatas para suceder al portugués António Guterres, cuyo segundo mandato al frente de Naciones Unidas concluye el 31 de diciembre del 2026. Bachelet ya ocupó cargos relevantes dentro del sistema de la ONU: fue directora ejecutiva de ONU Mujeres entre el 2010 y el 2013, y más tarde alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos entre el 2018 y el 2022.
La decisión del nuevo gobierno reavivó la disputa política en Chile. La derecha había cuestionado desde el inicio la candidatura, oficializada por Boric en febrero, al considerar que no fue una postulación consensuada como política de Estado. Desde el socialismo, en cambio, el diputado Raúl Soto calificó la medida como “un bochorno internacional sin precedentes”.
En la contienda también figuran la costarricense Rebeca Grynspan y el argentino Rafael Grossi. En 80 años, ninguna mujer dirigió la ONU y solo un latinoamericano ocupó ese puesto: el peruano Javier Pérez de Cuéllar, entre 1982 y 1991. Según la práctica diplomática no escrita, esta vez correspondería el turno a América Latina.


