En un contexto en el que se elaboran millones de bebidas para el consumo masivo y cuya promoción se expande a través de las redes sociales, crece el interés por opciones consideradas naturales o funcionales, como la kombucha. La nutricionista Megan Acuña explicó las bases de elaboración de esta bebida y los posibles aportes.
Un ejemplo de este tipo de bebidas es la kombucha, que se prepara utilizando un cultivo simbiótico de bacterias y levaduras, conocido como Scoby. En té endulzado, el azúcar sirve como alimento para el hongo, y durante la fermentación, que suele durar unos cinco días, se producen bacterias probióticas, ácidos orgánicos, vitaminas y una ligera carbonatación.
Esto le da a la bebida su característico sabor ácido y efervescente, que luego de la fermentación, la kombucha puede consumirse fría y, opcionalmente, saborizar con jugos de frutas o vegetales.
Acuña mencionó que algunos de los beneficios principales de su consumo son el fortalecimiento del sistema inmunológico, la mejora de la digestión, la reducción de la inflamación y el restablecimiento del equilibrio de la flora intestinal. Debido a su acidez, la nutricionista Acuña no recomendó el consumo para personas con afecciones digestivas, como gastritis o úlceras, y se sugiere que quienes se inician en su consumo lo hagan con pequeñas cantidades.
Acuña mencionó que la incorporación de estas bebidas debe entenderse como parte de un estilo de vida integral orientado al cuidado intestinal que va de la mano con una alimentación rica en alimentos naturales, frutas, verduras, fibra, la reducción del consumo de ultraprocesados, la práctica regular de actividad física y la gestión del estrés mediante técnicas como la meditación o el yoga. La salud intestinal, por tanto, no depende de un solo factor, sino de la sinergia entre hábitos alimentarios, físicos y emocionales.


