Sociedad

Amor e idealización, el peso del “para siempre” en las relaciones

Películas, novelas y relatos románticos instalaron la idea de que el amor verdadero es eterno, sin embargo, las relaciones actuales muestran otros ritmos y desafíos.

| Por La Tribuna
Amar sin idealizar no significa amar menos, según el profesional.

Desde los cuentos de hadas hasta las series contemporáneas, el amor suele presentarse como un destino final que culmina en un “para siempre”. Aunque los vínculos hoy son más frágiles y cambiantes, esa idea continúa profundamente arraigada en el imaginario colectivo. Para el psicólogo Nicólas Palomino, esta expectativa no es casual ni ingenua.

“No es habitual que alguien empiece una relación pensando que va a terminar”, explicó. Según señaló, al iniciar un vínculo la mayoría de las personas cree que esta vez sí puede ser distinto, que finalmente encontró a la persona indicada. Esa expectativa abre la puerta a la idealización, donde se destacan solo los aspectos positivos del otro y se dejan de lado las señales incómodas.

En esa primera etapa, ambos miembros suelen mostrar su mejor versión. “Buscamos confirmar lo que queremos ver, no necesariamente detectar los defectos para huir a tiempo”, sostuvo el especialista. En ese contexto, la fantasía del para siempre se vuelve atractiva y cómoda, aunque no siempre realista.

Palomino aclaró que idealizar no es, en sí mismo, un error, pero puede transformarse en un problema cuando se vuelve la base del vínculo. “Las personas que idealizan con más fuerza suelen ser aquellas que están muy aferradas al relato del ‘quiero para siempre’ o que no han construido aún una identidad personal sólida”, indicó. En estos casos, el apego puede llevar a postergar proyectos propios, resignar límites y sostener relaciones que no coinciden con lo que realmente se desea.

Cuando la idealización cae y la persona real aparece con sus defectos suele producirse una primera crisis. “No es algo catastrófico, pero sí un choque entre la fantasía y la realidad”, explicó el psicólogo. Ese momento obliga a una evaluación personal profunda: cuánto de lo que imaginé estoy dispuesto a soltar y qué de lo que descubro puedo aceptar.

La respuesta, según Palomino, depende del tipo de vínculo que se busca construir, ya que en relaciones más formales la atención sobre los valores, los acuerdos y la compatibilidad se vuelve clave. “Ahí surge la pregunta de si esa persona es realmente con quien quiero compartir un proyecto de vida y si ambos estamos dispuestos a hacer cambios”, señaló.

Frente a la creencia de que el amor sano necesita promesas eternas, el especialista fue claro. “Toda relación es a prueba y error”, afirmó. Amar sin garantizar un para siempre no implica fracaso, sino aceptar que los vínculos se construyen con personas reales, no con ideales inalcanzables. Desde esta mirada, una relación puede ser valiosa incluso si no dura toda la vida.

Para aprender a amar de manera más realista, Palomino subrayó la importancia de una identidad personal bien definida. “Primero hay que estar seguro de lo que uno quiere y verificar si la otra persona busca algo similar o está dispuesta a trabajarlo”, indicó. La clave no está en sostener la fantasía, sino en construir acuerdos posibles, disfrutar lo compartido y asumir que tanto la continuidad como el final de una relación son responsabilidades compartidas.

“El verdadero cambio de paradigma es pasar del ‘felices para siempre’ al ‘hagamos lo mejor posible mientras estemos juntos’”, concluyó. En ese camino, amar sin idealizar no significa amar menos, sino hacerlo con mayor conciencia y madurez emocional.

Nicolás Palomino, psicólogo.

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