La forma en que nos relacionamos con la comida influye en cómo nos sentimos durante el día, ya sea al estudiar, trabajar o realizar otras actividades. La especialista en nutrición Marie Ojeda explicó que cuidar la salud no solo implica consumir alimentos nutritivos, sino también prestar atención a cómo lo hacemos.
La especialista aclaró que es importante diferenciar el hambre real del hambre emocional. El hambre fisiológico aparece de forma gradual, se siente en la panza y surge entre tres y cuatro horas después de la última comida. Si no comemos, puede aparecer dolor de cabeza, el comer sin hambre aparece de golpe y suele ser por antojos específicos, como dulces, o relacionados con aburrimiento, estrés o emociones.
Según comentó, el entorno también influye mucho en cómo comemos, cuando estamos estresados o muy ocupados, comemos como podemos y no como queremos. Muchas veces no sentimos las señales de hambre o saciedad porque comemos rápido o seguimos comiendo solo para terminar lo que hay en el plato.
La nutricionista recomendó comer de forma ordenada, con horarios flexibles y tomarse al menos 20 minutos para cada comida. Incluir proteínas y fibra en todas las comidas ayuda a sentirse satisfechos y con más energía.
Destacó la importancia de ver la alimentación de forma positiva, como una forma de nutrir el cuerpo y no castigarlo o premiarlo con la comida. Si hay mucha culpa, atracones o picoteos que no se logran controlar, la especialista aclaró que puede ser un problema más profundo que requiere atención psicológica.
Comer de forma nutritiva mejora la energía, la digestión y el ánimo, hacerlo la mayor parte del tiempo dejando un espacio para la flexibilidad ayuda a mantener buena salud y bienestar.


