Hábitos cotidianos, tiempos adecuados y prácticas profesionales resultan claves para mantener las uñas saludables y prevenir daños, infecciones y debilitamiento a largo plazo. Alicia Chaparro, manicurista, mencionó algunos consejos a tener en cuenta.
Chaparro explicó que no morder las uñas es uno de los principales consejos, ya que esta práctica debilita la uña natural y puede favorecer la aparición de infecciones. También recomienda no estirar ni retirar las cutículas de forma brusca, debido a que esto puede provocar lesiones que, en algunos casos, derivan en complicaciones mayores.
Destacó la importancia del uso de guantes al manipular productos de limpieza fuertes y la hidratación regular con aceite de cutículas, al menos día de por medio. Mencionó que en el caso de la manicura semipermanente u otros sistemas similares, se aconseja realizar el cambio o retiro entre los 15 y 22 días como máximo. Este proceso debe hacerse siempre en el salón y por una profesional, ya sea mediante torno, acetona o sistemas híbridos. El retiro tardío o incorrecto puede favorecer la aparición de bacterias asociadas a la humedad, como la pseudomonas, y en situaciones más severas, infecciones por hongos.
Aclaró que no existe un método de aplicación sobre uñas que resulte dañino por sí mismo, aunque sí influyen la calidad de los productos y las prácticas utilizadas. “Uno de los errores más frecuentes es estirar o arrancar el esmalte semipermanente o las uñas esculpidas, lo que provoca el desprendimiento de capas de la uña natural. Esta acción genera debilitamiento, sensibilidad, dolor y, en algunos casos, un crecimiento irregular posterior”, resaltó.
La manicura tradicional puede realizarse con mayor frecuencia, incluso una o dos veces por semana, sin inconvenientes. En cambio, los sistemas semipermanentes o técnicos requieren mayor control, por lo que recomienda respetar los intervalos de 15 a 22 días para el cambio o retoque, garantizando así uñas cuidadas y saludables a largo plazo.


