La Tribuna que cambia el juego

Emi Báez: “Me jugué por mis sueños y hoy soy mi propia jefa”

Dejó el traje de periodista para ponerse el delantal, y los números avalan su decisión: hoy la siguen más de 3 millones de personas. Emi Báez conquis…

| Por La Tribuna
Hoy su set es la cocina, donde aplica el rigor del periodismo para crear platos que conectan con el corazón de la gente.

Dejó el traje de periodista para ponerse el delantal, y los números avalan su decisión: hoy la siguen más de 3 millones de personas. Emi Báez conquistó las redes sociales con autenticidad y recetas que rompen récords, como su chipa guasu en dos pasos que dio la vuelta al mundo. Aquí, la mujer que supo reinventarse revela las luces y sombras de ser su propia jefa y el motor familiar detrás de su éxito.

De las noticias de último momento al fuego de las hornallas, de la rigidez de un estudio de televisión al calor de un hogar que hoy es su propia empresa. La historia de Emi Báez no es solo la de una periodista que dejó los medios tradicionales; es el relato de una mujer que decidió ser la dueña de su tiempo y de su propio mensaje. Tras años de ser una figura consolidada en las pantallas paraguayas, Emi dio el salto al vacío hacia el mundo digital, transformándose en una referente de la cocina que inspira a miles a través de un celular. Pero, ¿qué hay detrás de ese cambio de piel?

Todo gran salto tiene un motor, y para Emi, ese motor fue el corazón. El punto de quiebre no fue el cansancio profesional, sino una lección de vida: la enfermedad de su padre. En ese momento, la estructura del periodismo tradicional —con sus horarios innegociables y la distancia geográfica de sus seres queridos en el interior— se volvió una carga demasiado pesada. "La vida pasó volando y me di cuenta de que tenía que aprovechar a mi papá antes de perderlo", confiesa con una mezcla de nostalgia y paz. Renunció un mes antes de su partida, y ese tiempo de calidad, lejos del vértigo de las primicias, fue el regalo más grande que pudo hacerse.

Pasar de la seguridad de un sueldo fijo al terreno incierto de los algoritmos y los contratos que suben y bajan es un desafío que paraliza a muchos. Sin embargo, Emi encontró en ese riesgo su mayor fortaleza. Aunque admite que al principio costó acomodarse, hoy abraza la creatividad diaria que exige ser su propia jefa. El miedo, ese compañero constante de cualquier emprendedor, fue reemplazado por la adrenalina de medir sus propias estadísticas, de entender qué le gusta a su público y de trabajar las 24 horas con una sonrisa, porque la pasión es el mejor combustible.

Sus colegas no se sorprendieron. Muchos la veían aprovechar cada hueco entre notas para editar sus videos de cocina. Emi ya estaba construyendo su puente mientras aún caminaba por el anterior. Hoy, lejos de haber enterrado su profesión, siente que el periodismo vive en cada receta. El rigor de la cámara, la técnica de edición que absorbió de sus compañeros y, sobre todo, su conexión con el guaraní y la cultura popular paraguaya, son los ingredientes secretos que hacen que sus platos no solo sean ricos, sino que cuenten una historia. Ella no solo cocina, comunica identidad.

La profesionalización de su contenido no fue casualidad. Se prepara técnicamente para que cada plato sea una tentación visual, buscando siempre simplificar lo complejo para que su audiencia se anime a cocinar. En la facultad aprendió a informar, pero en la calle y en la red aprendió a conectar. Hoy, el "agotamiento digital" es real —porque en redes no hay un botón de apagado y el público pide presencia constante—, pero la recompensa es distinta. La rentabilidad, asegura, es mayor, y no solo en términos económicos. La verdadera ganancia está en la libertad: la de trotar a las 10:00, la de tomar un tereré mientras controla la tarea de sus hijos o la de viajar a Misiones para cocinar en casa de su madre sin dejar de trabajar.

¿Extraña la noticia? A veces, cuando el pulso de la actualidad late fuerte, siente el deseo de estar ahí, cubriendo festivales o entrevistando a artistas que sobresalen. Ese fuego de reportera sigue encendido y sueña con llevarlo a un nuevo formato: una productora propia, programas de streaming o un canal de YouTube robusto donde pueda recorrer el país, rescatando saberes de las cocineras tradicionales en un gran reportaje al Paraguay profundo. El restaurante no está en sus planes; ella quiere que su marca, "Emi Báez", sea un espacio de encuentro y aprendizaje masivo.

Emi Báez es la prueba de que el éxito no es una línea recta, sino una receta que uno mismo va perfeccionando con valentía. Su consejo para quienes dudan en jugarse por un sueño es claro: "No se queden estancados, no duden en alcanzar lo que más quieren. Al probar no perdemos nada". Su historia nos recuerda que, a veces, para ganar la vida que realmente queremos, primero debemos animarnos a soltar la que tenemos. Hoy, descalza en su cocina, pero con la mirada más firme que nunca, Emi demuestra que el plato más gratificante es aquel que se cocina con libertad.

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