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Resiliencia en moto: historia de éxito de Óscar Meza en México

De las pistas de atletismo al fragor de las masas. Óscar Meza llegó a la Ciudad de México hace décadas con el sueño de una medalla olímpica, pero el …

| Por La Tribuna-
De Asunción a la Condesa: Óscar Meza mantiene viva la tradición paraguaya en cada noche de trabajo junto a su emblemática “Empanadería” móvil.

De las pistas de atletismo al fragor de las masas. Óscar Meza llegó a la Ciudad de México hace décadas con el sueño de una medalla olímpica, pero el destino le tenía reservada una meta diferente: convertirse en el embajador del sabor paraguayo en una de las urbes más grandes del mundo. Esta es la historia de cómo la nostalgia se transformó en “Empanadería”, un negocio que hoy une a dos naciones bajo el grito de ¡heterei! y sostiene el sueño de un hombre que nunca olvidó sus raíces en Asunción.

Hay un aroma que desafía la altitud de la Ciudad de México, una fragancia que no nace del comal ni del maíz, sino del trigo y del recuerdo. En el corazón de la colonia Condesa, cuando las luces de las oficinas se apagan y la vida nocturna comienza su rítmico latido, aparece una moto que ya es parte del paisaje urbano. Al frente está Óscar Meza, un asunceno que cambió las pistas de atletismo por el calor de las masas, transformando la nostalgia en un emprendimiento gastronómico que cruza fronteras. Su historia no es solo la de un migrante, sino la de un atleta que entendió que la resiliencia es un músculo que se entrena todos los días, ya sea corriendo una maratón o amasando el sustento de una vida que hoy tiene raíces profundas en ambos países.

Todo comenzó en 1998. Óscar dejó su Asunción natal impulsado por el sueño olímpico, respaldado por una beca del Comité Olímpico Paraguayo. En aquel entonces, sus pies buscaban la gloria en el asfalto, pero el destino tenía preparada una meta distinta. Al encontrarse con la inmensidad de una metrópolis que nunca duerme y el desafío de una cultura vibrante, la añoranza empezó a hacer mella. Óscar nunca había cocinado; en Paraguay le encantaba visitar el Lido Bar o los copetines de barrio, pero nunca se había enfrentado a la alquimia de la cocina. Sin embargo, la distancia es una gran maestra. Lo que empezó como un deseo de compartir un sabor propio con sus compañeros de atletismo, pronto se convirtió en una herramienta de supervivencia y, finalmente, en un proyecto de vida que hoy cumple 17 años de trabajo ininterrumpido.

La integración de Óscar en México fue total, pero sin soltar jamás el hilo que lo une a su tierra. En este camino de esfuerzo encontró el amor y formó una familia con su esposa mexicana, con quien comparte la vida y la crianza de su hija, Aramí. En el nombre de su pequeña reside su mayor orgullo: un nombre guaraní para una niña que crece entre dos mundos. Óscar se asegura de que la identidad no se pierda, enseñándole palabras en guaraní y heredándole el legado de un país que ella conoce a través de los relatos y los sabores de su padre. Es en esa intimidad del hogar donde el “heterei” cobra un significado sagrado, uniendo la mesa mexicana con el alma paraguaya.

Adaptarse a la capital mexicana no fue sencillo. Los comensales locales miraban con curiosidad aquellas piezas doradas, asumiendo erróneamente que eran argentinas. Con la paciencia de quien sabe que las mejores cosas requieren tiempo de cocción, Óscar fue educando el paladar de sus clientes. Hoy, ya nadie duda: son “las empanadas paraguayas de la moto”. La evolución del negocio es una lección de visión. De vender 80 empanadas por noche para cubrir sus gastos, hoy su equipo alcanza picos de 1.200 unidades. Pero el éxito no lo alejó del barro; su día empieza revisando pedidos de masas y termina a las 7 de la mañana en las calles, manteniendo siempre la calidad y el compromiso de que cada pieza esté generosamente rellena.

La carta de “Empanadería” es hoy un puente cultural. Aunque la de carne con el toque paraguayo sigue siendo la reina, Óscar supo rendir homenaje a México con rellenos de chilaquiles verdes, suadero, flor de calabaza y huitlacoche. Es el abrazo perfecto entre dos naciones. Tras 12 largos años de ausencia, Óscar finalmente pudo volver a Paraguay, un reencuentro que no hizo más que alimentar su ambición de futuro. Hoy, con locales en el Mercado Roma y San Miguel Chapultepec, su mirada está puesta en el retorno definitivo pero triunfal: expandir su marca por todo México y, finalmente, cumplir el sueño de abrir sus propios locales de “Empanadería” en las calles de Asunción que lo vieron partir.

Óscar Meza es la prueba viviente de que el éxito no es solo llegar primero a la meta, sino tener la valentía de transformar la nostalgia en motor. Cada empanada entregada en la madrugada mexicana es un pedacito de Paraguay que viaja en moto, un testimonio de que, sin importar cuán lejos se llegue, el corazón siempre sabe encontrar el camino de regreso a casa a través del sabor.

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