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Alfredo Alejandro: la voz de los paraguayos resilientes en España

Llegó a Madrid hace 22 años buscando una cura para sus "huesos de cristal". Hoy, tras superar 150 fracturas y caminar por primera vez lejos de su tie…

| Por La Tribuna
“Soy paraguayito” en acción: Alfredo junto a la comunidad en Madrid, dando voz a las historias de resiliencia que laten bajo los colores de nuestra bandera.

Llegó a Madrid hace 22 años buscando una cura para sus "huesos de cristal". Hoy, tras superar 150 fracturas y caminar por primera vez lejos de su tierra, Alfredo Alejandro Acosta utiliza las redes sociales y su proyecto "Soy paraguayito" para visibilizar las historias de resiliencia de sus compatriotas en Europa.

Hay historias que se escriben con tinta y otras que se graban a fuerza de fracturas, aeropuertos y una nostalgia que no se apaga ni con el paso de dos décadas. La de Alfredo Alejandro Acosta es de estas últimas. A los 10 años, cuando la mayoría de los niños paraguayos corre tras una pelota en el polvo rojo de su tierra, Alfredo daba sus primeros pasos en un hospital de Madrid. No era un milagro casual; era el resultado de un acto de amor desesperado de sus padres, quienes cruzaron el océano buscando una cura para la enfermedad de "huesos de cristal" que amenazaba con apagar su futuro.

Alfredo llegó a España sin Google Maps, sin WhatsApp y con el corazón anclado en un Paraguay que sentía que le arrebataban. Hoy, 22 años después, aquel niño que superó 150 fracturas y siete cirugías se ha convertido en la voz de una comunidad que, aunque dispersa por el mundo, late con una identidad inquebrantable. A través de su proyecto "Soy paraguayito", Alfredo no solo cuenta historias; construye un puente emocional que une la distancia entre Europa y la tierra guaraní.

La resiliencia de Alfredo se forjó en la adversidad. El choque cultural fue una herida abierta durante años: el bullying escolar por su acento, la indiferencia de quienes debían protegerlo y la soledad de ser "el diferente". Sin embargo, mientras el sistema intentaba asimilarlo, él se refugiaba en su esencia. Nunca dejó de hablar como paraguayo, nunca permitió que el "vale" o el "joder" borraran el guaraní de su lengua. Para él, España fue el lugar que le dio la salud, pero Paraguay siempre fue el lugar que le dio el alma.

Antes de convertirse en el cronista de la migración, Alfredo encontró en la música un refugio y una forma de resistencia. Cantante, compositor y multiinstrumentista, recorrió escenarios europeos llevando consigo un ritmo que sonaba a patria. Pero la vida de un migrante es una constante evolución. Tras trabajar en diversos rubros desde la adolescencia, su sensibilidad lo llevó a entender que su propia superación —el haber pasado de no caminar a recorrer el mundo— podía servir de espejo para otros.

"Soy paraguayito" nació de esa necesidad de visibilizar al paraguayo que lucha, que emprende y que, a pesar del éxito o la dificultad, nunca olvida el aroma de la naturaleza de su tierra. Lo que comenzó como un espacio para compartir relatos, se transformó en un fenómeno social. Hoy, Alfredo caminando por las calles de Madrid es abordado por compatriotas que ven en él a un embajador espontáneo. Le confían sus sacrificios, sus logros y esa melancolía que solo otro migrante puede entender sin explicaciones.

En sus entrevistas, Alfredo ha descubierto un patrón sagrado: el paraguayo en el exterior no se rinde. Ha aprendido que no existe un "sueño europeo" servido en bandeja, sino una realidad de esfuerzo y ganas de salir adelante. Ha visto cómo cada compatriota defiende a su “valle” esté donde esté manteniendo siempre una maleta emocional lista para el regreso.

Desde su propio estudio de grabación y su productora audiovisual en Madrid, Alfredo proyecta el futuro. No se conforma con lo logrado; ahora trabaja en un podcast que conectará personalidades de la comunicación de ambos países, profesionalizando el oficio de contar quiénes somos cuando estamos lejos. Su misión es clara: ser el eslabón que faltaba.

Alfredo Alejandro Acosta es el niño que aprendió a caminar en tierras ajenas para terminar corriendo tras los sueños de todo un pueblo. Su historia nos recuerda que, aunque el cuerpo esté en Madrid, el corazón puede seguir latiendo en guaraní. Él ya no es solo el protagonista de su propia superación, es el oído atento y la cámara encendida que asegura que ningún paraguayo, por más lejos que esté, se sienta solo o invisible. Porque, como él mismo dice a aquel niño que llegó hace 22 años: hay que estar orgullosos de dónde venimos, porque esa es la única brújula que nunca falla.

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