De alumna a maestra: la historia de una mujer que recorre kilómetros a pie por la ruta Transchaco para educar a pueblos originarios. Un relato de servicio, identidad y empoderamiento, donde la radio y los cuadernos se unen para demostrar que nunca es tarde para aprender.
Bajo el sol inclemente que calcina el asfalto de la ruta Transchaco, allí donde el horizonte se pierde en una llanura de arbustos espinosos y el polvo parece detener el tiempo, emerge una figura que desafía la geografía del olvido. Bernarda Riveros no busca el reconocimiento de las grandes ciudades; su misión se encuentra en el corazón del Chaco paraguayo, donde cada semana emprende una travesía que no se mide solo en kilómetros, sino en la esperanza que siembra en los rostros de quienes la esperan.
Bernarda es educadora del Programa Rural de Educación Bilingüe Intercultural por Radio (Prebir) de Fe y Alegría, y su labor es un puente vital entre el conocimiento y el aislamiento. Su jornada comienza de madrugada en Remansito, desde donde parte hacia comunidades como Kemha Yat Sepo. El viaje es una prueba de resistencia: tres horas de transporte público seguidas de tramos de camino de tierra que, con frecuencia, debe recorrer a pie. Para ella, caminar hasta siete kilómetros adicionales bajo el rigor del clima chaqueño no es un obstáculo, sino un acto de servicio que inició en 2007, cuando ella misma comenzó como participante del programa.
Lo más admirable de su trabajo es el enfoque en la educación de adultos y adultos mayores, personas que durante décadas fueron invisibilizadas por el sistema educativo. En aulas improvisadas bajo la sombra de los árboles, Bernarda acompaña a mujeres y ancianos indígenas que, por primera vez en sus vidas, sostienen un lápiz para escribir su propio nombre. Esta labor trasciende lo académico; es un proceso de sanación y empoderamiento. Ver a un abuelo o a una madre de familia descubrir que el aprendizaje no tiene edad genera un impacto emocional profundo, elevando su autoestima y dándoles una nueva voz dentro de su propia comunidad.
El programa no solo enseña castellano, guaraní y matemáticas, sino que respeta y valora las lenguas propias de los pueblos originarios. A través de las ondas radiales de emisoras como Radio Pa’i Puku, la educación se infiltra en los hogares más alejados del Bajo Chaco, permitiendo que 144 participantes formalmente inscritos en seis comunidades diferentes recuperen su derecho a la formación. En 2024, este esfuerzo dio frutos inolvidables cuando sus alumnos leyeron sus propios textos en voz alta frente a un público, demostrando que nunca es tarde para florecer.
Además de la alfabetización, Bernarda impulsa la autonomía económica asesorando a grupos de mujeres en la elaboración de jabones y velas artesanales. Su trayectoria, que nació desde dentro de la misma comunidad educativa, es el pilar de un modelo que forma referentes locales para garantizar que el aprendizaje llegue a cada rincón, sin importar cuán inhóspito sea el camino.
Al mirar atrás y ver los kilómetros recorridos, Bernarda no solo siente satisfacción por el impacto positivo en la sociedad, sino que se convierte en un faro para las nuevas generaciones de docentes. Su mensaje para quienes desean sumarse a la educación rural y comunitaria es claro y conmovedor: reconoce que, aunque no es un trabajo fácil debido a las distancias y las carencias, es una labor profundamente gratificante. Para ella, servir a la comunidad y ser testigo de su crecimiento es lo que verdaderamente llena el corazón.
Cada jueves, de regreso a Remansito, Bernarda deja atrás el polvo de la Transchaco, pero se lleva consigo la dignidad recuperada de sus alumnos. Ella es la maestra que camina, la que escucha y la que, con el corazón puesto en el servicio, está reescribiendo el futuro de los pueblos indígenas del Chaco, demostrando que la palabra es la herramienta más poderosa para la transformación humana.


