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Larissa Ledesma: la joven que hace cantar al arpa en México

Tras conquistar escenarios en Japón durante cinco años, la arpista paraguaya Larissa Ledesma se abre paso en la vibrante escena de México. Con solo 2…

| Por La Tribuna

Tras conquistar escenarios en Japón durante cinco años, la arpista paraguaya Larissa Ledesma se abre paso en la vibrante escena de México. Con solo 27 años, la joven del barrio Trinidad fusiona la tradición guaraní con ritmos contemporáneos, demostrando que el talento y la nostalgia del hogar son los motores de su éxito internacional.
Hay una melodía que nace en el barrio Trinidad de Asunción y que hoy resuena con la fuerza de los vientos del Pacífico y el misticismo de los paisajes de Hokkaido. Es la historia de Larissa Beatriz Ledesma Vázquez, una joven de 27 años que no solo carga un instrumento de madera y 36 cuerdas, sino que lleva consigo el latido de toda una nación. Larissa no eligió el arpa por un mandato divino; el arpa la eligió a ella en un acto de amor fraternal y destino. Cuando su hermano Lucas dejó de tocar aquel instrumento usado que llegó a casa, ella, con apenas 12 años, tomó las cuerdas para nunca soltarlas. Lo que comenzó como una curiosidad adolescente en las calles de su barrio paraguayo se transformó, a los 16, en una certeza absoluta: su vida sería la música.

Esa determinación la llevó lejos, muy lejos. Durante cinco años, el frío de Hokkaido, en Japón, fue el escenario donde Larissa pulió su talento. En la soledad de los hoteles japoneses, donde el respeto y la disciplina son ley, ella aprendió que el arpa paraguaya tiene un lenguaje universal. Sin embargo, el destino le tenía preparado un nuevo compás. El amor y la oportunidad la trajeron a México, un país de contrastes gigantescos y una pasión artística que la desafía día a día. Aquí, junto a su novio Federico, Larissa ha iniciado un nuevo capítulo, enfrentándose al reto de conquistar un público que, aunque comparte la calidez latina, posee una identidad cultural tan fuerte que exige un equilibrio maestro para un artista extranjero.

Vivir en México ha sido para ella un ejercicio de humildad y audacia. Larissa entiende que para que la tradición respire, debe evolucionar. No tiene miedo de romper moldes; recuerda con orgullo aquella colaboración con un DJ en Paraguay donde fusionó la polca con la electrónica, una pieza que, a pesar de las críticas de los puristas, recorrió el mundo. “No hay género que perdure si no hay cambios”, afirma con la convicción de quien sabe que la música es un organismo vivo. Por eso, en sus presentaciones actuales, los boleros y los clásicos de Juan Gabriel se entrelazan con la técnica paraguaya, creando un puente emocional que desarma hasta al público más reservado.

Bajo el nombre de Lari Music, ha sabido navegar las aguas a veces turbulentas de la era digital. Para ella, las redes sociales son una ventana al mundo, una herramienta que le permite conectar con personas de países que nunca imaginó visitar. Aunque reconoce que la exposición tiene su lado amargo, elige enfocarse en los miles que se alegran con su éxito. Es esa misma constancia y disciplina que hoy la impulsan a soñar con su primer álbum, un proyecto que busca materializar este año como un tributo a su trayectoria y a su identidad.

A pesar del éxito internacional y de su vida en tierras mexicanas, el techaga’u —esa nostalgia profunda que solo el paraguayo conoce— habita en su corazón. Extraña la amabilidad espontánea de su gente, la sencillez de compartir el tereré con un desconocido y el calor de su madre, Norma, y sus hermanos. El mate y el tereré son, en su hogar en México, los altares sagrados de su origen; pedazos de tierra guaraní que la mantienen conectada a sus raíces mientras sus dedos vuelan sobre las cuerdas.

Larissa Ledesma es hoy una embajadora itinerante que admira a grandes maestros como Ismael Ledesma o Martín Portillo, pero que ha sabido construir su propio sello. Su mensaje para los jóvenes músicos es claro: “No tengan miedo de soñar”. Con su arpa al hombro y la bandera de Paraguay en el alma, Larissa sigue demostrando que no importa qué tan grande sea el país o qué tan lejos esté el barrio Trinidad, mientras haya una historia que contar a través de una canción, el mundo siempre se detendrá a escuchar. Ella no solo toca el arpa; ella hace que Paraguay sea infinito, una nota a la vez, en cualquier rincón del planeta donde el destino decida llevarla.

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