La Tribuna que cambia el juego

Música de hace 100 años que hoy conquista a la juventud

La Orquesta Típica Ymaguaréicha, un ensamble que ha decidido romper con todos los moldes generacionales para rescatar un sonido que, hasta hace poco, parecía destinado al olvido.

| Por La Tribuna
Los jóvenes sanjuaninos que apostaron al folclore de 100 años

El alma detrás de este renacimiento es Hebert Cáceres, un reconocido bandoneonista cuya vida ha estado ligada al fuelle desde los siete años. Formado en el Conservatorio Nacional y con una trayectoria de más de dos décadas como pilar del Grupo Generación, Cáceres es hoy docente en el conservatorio de música Ha Che Valle. Tras el duro golpe de la pandemia, que alejó a muchos jóvenes de las aulas y de los instrumentos, Hebert se encontró ante la necesidad de rearmar proyectos y replantear el sentido de la enseñanza musical. Fue entonces cuando el maestro Willy Suchar le propuso un desafío: crear una agrupación que demostrara la altísima formación técnica que existe en los conservatorios del interior del país. Para Hebert, esta propuesta fue el disparador para cumplir un sueño personal largamente postergado: dirigir y formar parte de una verdadera orquesta típica.

Con la luz verde de la dirección de la academia, comenzó un proceso que en sus inicios fue complejo. Los estudiantes, acostumbrados a la formación académica clásica o a los estilos populares contemporáneos, se enfrentaban a un lenguaje que les era totalmente ajeno. El maestro Cáceres los sumergió en una inmersión profunda, obligándolos a escuchar las grabaciones de los grandes maestros como Los Orrego, la Orquesta Típica Inspiración, Los Vázquez y la Orquesta Perurimá de Mauricio Cardozo Ocampo. Lo que comenzó como un estudio técnico terminó en un romance artístico: los jóvenes se enamoraron de la cadencia, la elegancia y la fuerza de ese estilo de hacer música paraguaya. Así tomó forma Ymaguaréicha, integrada actualmente por Celeste, Virginia, Milagros, Nicolás, Ramón, Víctor, Ángel y Sebastián.

Este grupo de cinco varones y tres mujeres ha logrado algo inusual en la era de TikTok: ser “cool” haciendo música de hace un siglo. Con una instrumentación que incluye dos violines, un bandoneón, guitarra, piano, saxofón y dos potentes voces femeninas, estos jóvenes se sienten cómodos compartiendo su trabajo en redes sociales, donde cosechan admiración tanto de sus pares como de los mayores. Han pasado de interpretar covers a desarrollar sus propios arreglos, demostrando que la técnica clásica de los conservatorios puede y debe estar al servicio de la identidad nacional. Hebert explica con claridad su filosofía: aunque los conservatorios tienen una base clásica, el foco se puso en la música paraguaya para que los chicos se apropiaran del repertorio de las típicas.

Hoy, Ymaguaréicha es mucho más que un conjunto estudiantil, es un fenómeno cultural que ha pisado escenarios junto a la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA) y la Orquesta Nacional de Música del Paraguay (Onamp). Al escucharlos, el público experimenta una suerte de viaje en el tiempo. Como bien dicen sus integrantes, ellos son los portadores de un vehículo hacia el pasado: la gente se les acerca conmovida para decirles que su música les devuelve los recuerdos de sus padres y abuelos bailando en las antiguas pistas de madera. Son jóvenes que apuestan por un formato del pasado para traerlo al presente y asegurar que no muera.

El reconocimiento a su labor ya se ha materializado en su primer disco, grabado en los prestigiosos estudios del maestro Luis Álvarez, quien volcó toda su experiencia para apuntalar este proyecto. Con la mirada puesta en un segundo material para el año 2026, la orquesta sigue creciendo. Para Hebert Cáceres, este proyecto es también una forma de gratitud y justicia histórica. Al dirigir a estos jóvenes, siente que está honrando el legado de sus propios maestros, como Cirilo Fretes Franco y Carlos Bordón, quienes lo impulsaron a ser el músico que es hoy. En cada ensayo en Carapeguá o San Juan Bautista, Ymaguaréicha demuestra que la tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego, y que en manos de estos jóvenes, el corazón de la música paraguaya sigue latiendo con más fuerza que nunca.

su IG  @ymaguareicha

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