El Programa de Alimentación Escolar “Hambre Cero” no solo llegó para reforzar la nutrición de los estudiantes paraguayos, sino también para abrir una puerta inesperada a cientos de pequeños productores que durante años lucharon por colocar su mercadería en el mercado. Entre los beneficiados, los apicultores se convirtieron en un claro ejemplo de cómo una política pública puede dinamizar el campo y transformar la vida de las familias rurales.
Jorge Rodríguez, presidente de la Confederación Apícola del Paraguay, recuerda con claridad la situación previa al programa. “Teníamos miel en stock, estacionada, sin salida. Era muy difícil encontrar compradores constantes y, muchas veces, debíamos vender a precios que no compensaban el esfuerzo de producción”, comenta. Esa realidad cambió con Hambre Cero: hoy, los apicultores logran colocar la totalidad de su cosecha, con la ventaja de recibir el pago al contado, algo impensado en tiempos en que los desembolsos podían tardar hasta 45 días.
La diferencia se siente en los números. Solo a través de Hambre Cero, los productores de miel ya vendieron más de 20.000 kilos. “Tenemos calidad y tenemos apicultores dispuestos a duplicar o triplicar su producción si es necesario”, señala Rodríguez, convencido de que el país está en condiciones de abastecer plenamente al programa. Actualmente, Paraguay cuenta con unas 60.000 colmenas, pero el potencial de crecimiento es mucho mayor: la capacidad instalada permitiría desarrollar hasta 2 millones de colmenas en el territorio.
Este mercado asegurado trajo consigo un cambio fundamental: la estabilidad. “Antes el apicultor debía salir a buscar compradores, muchas veces sin éxito. Hoy tenemos un cliente fijo y confiable que nos garantiza la venta. Hambre Cero no solo asegura ingresos, también ayudó a que las familias rurales mejoren su calidad de vida”, afirma el dirigente gremial.
Pero el impacto no se mide únicamente en términos de ventas. La formalización también se convirtió en una consecuencia directa del programa. Desde el Viceministerio de Mipymes, dependiente del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), se impulsaron talleres, capacitaciones y encuentros que animaron a los productores a dar el paso hacia la legalidad. Rodríguez asegura que ya entre el 30 y 40 % de los socios de la Confederación se encuentran formalizados, con la meta clara de alcanzar el 100 %. “El MIC nos abre mercados, nos conecta con potenciales clientes y nos muestra que la formalización es el camino. Hoy lo entendemos más que nunca”, apunta.
El salto hacia la formalidad no es menor. Significa acceso a financiamiento, posibilidad de exportar y mayor competitividad en un mercado que cada vez exige más garantías de calidad y trazabilidad. Además, la profesionalización de los productores les permite proyectarse más allá de Hambre Cero, pensando en supermercados, cadenas gastronómicas e incluso en la exportación de miel paraguaya a mercados exigentes como Europa o Estados Unidos.
La historia de la Confederación Apícola refleja lo que está ocurriendo en otros rubros vinculados al programa. El modelo, que busca vincular a las mipymes y pequeños productores con la provisión de alimentos para las escuelas, genera un círculo virtuoso, los estudiantes reciben productos frescos y de calidad, mientras que las comunidades rurales encuentran un comprador estable para su producción.
El desafío ahora es sostener este impulso y proyectarlo hacia nuevos mercados. Rodríguez cree que Paraguay tiene todo para convertirse en un país apícola de referencia en la región. “Contamos con la capacidad de crecer, con la calidad de nuestra miel y con productores comprometidos. Lo único que faltaba era un mercado seguro, y Hambre Cero nos dio esa oportunidad”, asegura.
En los apiarios de todo el país, la zumbante actividad de las abejas se traduce hoy en algo más que miel; es fuente de ingresos, motor de formalización y esperanza renovada para miles de familias rurales que encontraron en este programa un aliado inesperado. Hambre Cero se transformó en una política que, además de nutrir a los estudiantes, alimenta sueños y oportunidades para un sector que ve en el futuro la posibilidad concreta de alcanzar hasta dos millones de colmenas y consolidar a Paraguay como referente apícola de la región.


