La idea de que una pareja solo se valora cuando está a punto de romperse o ya se perdió se repite con frecuencia en los relatos amorosos. La psicóloga clínica Teresa Galeano analizó por qué esto ocurre, qué mecanismos emocionales intervienen y cuándo esta toma de conciencia llega demasiado tarde.
En muchos vínculos de pareja, la valoración del otro no siempre ocurre de manera consciente mientras la relación está vigente. Con el paso del tiempo, la rutina y la sensación de estabilidad pueden generar un estado de estancamiento emocional. Según explicó la psicóloga clínica, Teresa Galeano, es frecuente que algunas personas recién tomen dimensión del valor del vínculo cuando sienten que están a punto de perderlo o cuando la ruptura ya se concretó.
“Esto de valorar el vínculo una vez que se pierde suele suceder con mucha frecuencia, tanto en hombres como en mujeres”, señaló la especialista, y aclaró que no se trata de una conducta asociada a un género en particular, sino a dinámicas emocionales aprendidas y repetidas en distintos tipos de relaciones.
En estos casos, la relación continúa, pero de manera apagada, con conflictos que se repiten y señales de desgaste que no siempre son atendidas a tiempo. Galeano explicó que muchas conductas dañinas se sostienen porque quien las ejerce cree que no tendrán consecuencias reales. “La otra persona hace cosas que parecería que no van a influir en la relación, pero finalmente sí influyen”, indicó.
Entre las situaciones más frecuentes mencionó infidelidades, microinfidelidades, faltas de respeto o actitudes reiteradas que generan malestar en la pareja. “La persona afectada va acumulando frustración, cansancio emocional y sensación de no ser tenida en cuenta”, resaltó.
Desde el punto de vista psicológico, el cerebro cumple un rol central en este proceso. “Muchas veces, el cerebro ya tiene la costumbre de que esa persona va a estar presente en mi vida”, sostuvo la especialista. Esa certeza genera una falsa sensación de seguridad, donde se asume que el otro siempre va a perdonar, esperar o adaptarse, incluso frente a conductas que lo lastiman.
El problema aparece cuando la persona que viene sosteniendo el vínculo comienza a llegar a su límite. “Eso está sucediendo con frecuencia y la persona decide abandonar el vínculo”, comentó Galeano. Es en ese momento cuando, para quien ejercía esas conductas, se activa la percepción de pérdida y, con ella, una valoración tardía de lo que se tenía.
“Lastimosamente, muchas personas recién valoran cuando pierden”, afirmó la psicóloga. Este mecanismo, según dijo, está ligado a una excesiva seguridad en la relación y a la falta de conciencia sobre el impacto de los propios actos. “Cuando alguien está muy acostumbrado a que se le perdone o se siente demasiado seguro del vínculo, no mide las consecuencias de lo que hace”, agregó.
Para la especialista, este tipo de toma de conciencia suele llegar cuando el daño ya está hecho y no siempre garantiza un cambio real. En ese sentido, advirtió que no es saludable sostener vínculos donde el otro necesita perder o estar al borde de la pérdida para valorar la relación.
“Cuando alguien solo reacciona ante la amenaza de abandono, el problema no es el amor, sino la falta de responsabilidad emocional previa”, explicó Galeano. Reconocer al otro como un sujeto con límites, capaz de irse si el malestar se vuelve constante, es una condición básica para construir relaciones sanas, donde el cuidado no dependa del miedo a perder, sino de una elección cotidiana y consciente.


