Comer con culpa, un síntoma silencioso del trastorno de la conducta alimentaria  

La relación con la comida puede revelar mucho más que hábitos alimentarios. Culpa, miedo a comer, dietas extremas o pensamientos constantes sobre el …

| Por La Tribuna-

La relación con la comida puede revelar mucho más que hábitos alimentarios. Culpa, miedo a comer, dietas extremas o pensamientos constantes sobre el cuerpo son señales tempranas que, naturalizadas en lo cotidiano, pueden alertar sobre un vínculo poco saludable que requiere atención y acompañamiento profesional.

La nutricionista Nahir Segovia Larroza explicó que no se trata solo de “comer mal”, sino de la presencia de pensamientos constantes sobre la comida, conductas repetitivas y un malestar emocional persistente. Aclaró que comer en exceso de manera ocasional no implica un trastorno, pero el problema aparece cuando la alimentación comienza a controlar la vida de la persona y afecta su salud física, emocional y social.

Una señal de alerta es cuando la comida ocupa casi todo el día. Pensar todo el tiempo en qué se va a comer genera ansiedad y condiciona decisiones diarias, como salir o no con otras personas, elegir la ropa o mirarse al espejo. También es preocupante cuando una persona cree que su valor depende del peso o de cómo se ve su cuerpo.

La especialista advirtió que muchas conductas vinculadas a la alimentación están profundamente naturalizadas. Expresiones como “portarse bien” o “portarse mal” al comer, elegir platos que no se desean por culpa o clasificar los alimentos como buenos o malos forman parte de un discurso cotidiano que puede resultar dañino. A esto se suma la culpa posterior a las comidas y la idea de compensar, por ejemplo, salteando ingestas al día siguiente. Las dietas muy estrictas, especialmente aquellas bajas en carbohidratos, suelen derivar en un ciclo repetido de restricción y descontrol.

Este patrón sostenido en el tiempo provoca una desconexión progresiva con las señales del cuerpo, como el hambre y la saciedad. Además, se trata de esquemas difíciles de sostener, que impactan negativamente en el metabolismo y refuerzan la creencia de que el cuerpo debe ser permanentemente controlado.

Desde su enfoque, aprender a comer resulta clave. Ningún alimento es bueno o malo por sí mismo; el daño aparece en el exceso y en la rigidez. Propone una regla sencilla y realista: priorizar la mayor parte del tiempo alimentos que nutran y, en menor medida, permitirse gustos sin culpa. Escuchar al cuerpo, abandonar la lógica de lo permitido y lo prohibido, y comprender que la salud no se define únicamente por el peso son pasos fundamentales.

Por último, remarcó la importancia de trabajar la autoestima y buscar acompañamiento profesional. Comer es parte de la vida social y cultural, no un castigo ni una recompensa. Construir una relación sana con la comida implica respeto, flexibilidad y hábitos que puedan sostenerse a lo largo del tiempo.

También te puede interesar

Últimas noticias