Los desacuerdos cotidianos, la falta de comunicación, la desconfianza, la poca tolerancia o las discusiones frecuentes suelen aparecer de manera gradual en las relaciones. En un primer momento, muchas parejas los minimizan o los consideran parte de la convivencia, sin advertir que estos signos pueden ser el inicio de conflictos más profundos si no se abordan a tiempo.
Leticia Parodi, licenciada en Psicología y especialista en terapia de pareja, señaló que estos indicios tempranos son una señal clara para considerar la terapia. Explicó que recurrir a un profesional no debe entenderse solo como una respuesta ante crisis graves, sino también como una herramienta preventiva que permite evitar que los problemas escalen.
Según la profesional, rutinas desgastadas, comunicación deficiente o inexistente, falta de empatía, dificultades en la intimidad y pérdida de confianza conforman un escenario propicio para el deterioro del vínculo. Cuando estos factores se sostienen en el tiempo, las discusiones tienden a intensificarse y aparecen dinámicas dañinas, como el silencio prolongado, las palabras hirientes o el distanciamiento emocional.
Parodi indicó que cuanto más avanzado se encuentra el conflicto, mayores son las brechas que se generan en la pareja, llegando incluso a plantearse la separación como única salida. En ese sentido, destacó que la terapia cumple un rol central al ordenar el diálogo y permitir que ambas partes puedan expresarse y escucharse, evitando que la comunicación se transforme en monólogos paralelos.
La especialista remarcó que la comunicación es uno de los pilares fundamentales de la vida en pareja y que, cuando se distorsiona o se rompe, el acompañamiento terapéutico resulta clave. A través del proceso, se trabaja el conflicto, se fortalecen herramientas de diálogo y se proponen tareas concretas que favorecen cambios reales en la dinámica cotidiana.
Aunque en muchos casos una de las partes se muestra reticente a iniciar terapia, Parodi señaló que la decisión de quien sí desea consultar puede ser el primer paso para buscar soluciones. Si bien el objetivo inicial suele ser preservar la relación, aclaró que en algunas situaciones la separación puede convertirse en una decisión saludable cuando permite poner fin a un ciclo repetitivo y dañino.
“En principio la proyección es salvar la relación, pero se dan casos que la separación (cortar el más de lo mismo) es una buena decisión, ya que el tiempo y la distancia en ocasiones sirven de mejor terapia”, resaltó.
Subrayó que acudir a terapia ante los primeros desacuerdos ayuda a disipar miedos y prejuicios. “Las relaciones no son perfectas ni sencillas y una vez que el enamoramiento inicial cede es cuando afloran las diferencias. En ese momento, pedir ayuda profesional no implica fracaso, sino responsabilidad emocional y compromiso con vínculos más conscientes y sanos”, finalizó.


