En Paraguay, detrás de cada almacén de barrio, taller o puesto callejero hay una familia que vive de su propio esfuerzo. Las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) son el corazón de esa economía cotidiana: representan el 98% del tejido empresarial (Urquidi et al., 2023), pero muchas siguen atrapadas en la informalidad, con baja productividad y poca tecnología.
Por eso, las cadenas de valor importan. Cuando un pequeño negocio se conecta con proveedores, clientes y distribuidores deja de depender solo de su fuerza individual. Es el carpintero que pasa de vender en su barrio a convertirse en proveedor de una gran empresa o la emprendedora que formaliza su negocio y mejora sus ingresos. Entonces, la economía local deja de ser un esfuerzo aislado y se vuelve una red de oportunidades.
Hace veinte años nació una iniciativa internacional para acompañar a las mipymes e integrarlas a cadenas de valor más sólidas, inclusivas y estables. En este tiempo, ha apoyado a más de 40.000 mipymes en 16 países, con incrementos de ventas de entre el 15 y el 30%, y el 65% de los emprendimientos participantes están liderados por mujeres, muchas, principales proveedoras de sus hogares.
En Paraguay, este enfoque se concreta en tres metodologías. Desarrollo de proveedores tiende puentes entre grandes empresas y pequeños negocios, para relaciones comerciales más estables. En Marcha acompaña a micro y pequeños emprendimientos que necesitan ordenar sus cuentas, mejorar su atención al cliente y usar herramientas digitales para reactivar sus ventas. Creciendo con su negocio apoya a pequeñas y medianas empresas, las que ya dieron sus primeros pasos y buscan fortalecer el vínculo con clientes y proveedores estratégicos.
Para que todo esto suceda, más de 20 consultores certificados se sientan en las mesas de trabajo de las mipymes y las ayudan a revisar números y organizar procesos. Las metodologías forman parte del Portafolio del Ecosistema Emprendedor, diseñado junto a instituciones públicas, sector privado, academia, gremios empresariales, organizaciones de la sociedad civil y cooperación internacional.
Uno de los ejemplos más claros es el proyecto piloto de En Marcha en Concepción. Allí, dieciocho emprendedores recibieron asistencia técnica personalizada, en articulación con el Viceministerio de Mipymes del Ministerio de Industria y Comercio (MIC) y aliados de diversos sectores. Se trabajó dentro de los propios negocios, revisando organización, atención al cliente y precios, y aprovechando mejor el teléfono y las redes sociales para vender.
Los resultados fueron contundentes. El 100% de las personas participantes logró identificar con claridad a su público objetivo y aplicar estrategias de mercadeo más efectivas. Todos incorporaron mejoras en la gestión financiera y lograron un incremento promedio del 15% en sus ventas mensuales. También fortalecieron la identidad visual y comercial de sus emprendimientos. El 56% de los beneficiarios fueron mujeres y para el 72% su emprendimiento es la principal fuente de ingresos del hogar.
Detrás de esos porcentajes hay historias. “Aprendimos mucho sobre contabilidad, cómo llevar las cuentas, sacamos nuestro RUC y aprendí que yo debía tener un sueldo; eso era algo que no sabía. Aprendiendo voy”, cuenta Leoncia Irigoyen, propietaria de La Pingui y participante de En Marcha.
Algo parecido relata Reinaldo Riveros, gerente general de Riveros Parquet, que participó de Desarrollo de proveedores: “Era muy empírico nuestro trabajo y esto nos impulsó a estructurarnos y ordenar nuestros procesos”.
En un país donde diversificar la producción, integrarse al comercio regional y crear empleo digno son prioridades urgentes, apostar por las mipymes es apostar por el presente y el futuro. Cada vez que una de estas unidades económicas se formaliza, mejora su gestión o se integra a una cadena de valor más sólida, no solo crece un negocio: se asegura el ingreso de una familia y se fortalece la comunidad.Por eso, el programa Cadenas de Valor Inclusivas y su red de metodologías, consultores y alianzas se ha convertido en un apoyo clave para que ese esfuerzo cotidiano no quede a la deriva. Detrás de esta apuesta por las mipymes paraguayas, y por una economía más inclusiva y sostenible, está el acompañamiento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).


