En el Bañado Sur, donde el río sube y baja como el ánimo de quienes pelean cada día por estar de pie, un puñado de mujeres decidió que la basura no sería el final de la historia, sino el comienzo de otra. Allí, a la sombra del vertedero de Cateura, nació una idea que mezcla coraje, oficio y belleza: Cateura Accesorios. No es solo una marca, es un gesto colectivo de dignidad.
La raíz de este camino se remonta a la obra del jesuita Francisco de Paula Oliva (pa’i Oliva) y la Asociación Mil Solidarios, instalada hace más de dos décadas para que niños y niñas terminen la escuela y tengan opciones reales. Con los años, esa misión abrazó también a las familias. Porque en el Bañado, muchas madres son recicladoras: sostienen la casa con lo que otros desechan, en jornadas largas, con poco ingreso y sin derechos. Paraguay carga una desigualdad persistente: la ocupación femenina apenas llega al 54,4% y las mujeres ganan en promedio 23% menos por trabajos remunerados; la mayoría trabaja por cuenta propia, sin piso de protección. En esa orilla áspera, Mil Solidarios eligió sumar valor, no lástima.
La chispa creativa llegó en el 2018 cuando dos diseñadoras pidieron flores hechas con botellas plásticas para una colección. Aquel primer taller reveló algo simple y poderoso: con formación y cuidado, lo cotidiano podía transformarse en pieza única. En el 2019, con el impulso de la AECID y organizaciones aliadas, más de 1.000 mujeres del Bañado Sur se capacitaron en trabajo, distribución de tareas de cuidado, educación y ambiente; y aprendieron técnicas artesanales aplicadas a la materia prima más cercana: los residuos de Cateura.
En el 2020, en plena pandemia —cuando faltaba el pan, pero sobraba incertidumbre— Mil Solidarios presentó a la AECID un proyecto para montar una empresa social de bisutería. Hacían falta máquinas, un espacio seguro y, sobre todo, saberes que eleven el estándar. Llegó Abel Morel, diseñador paraguayo con experiencia en alta costura, para enseñar a más de 30 mujeres a convertir cobre, lata, latón y plástico en joyas con firma.
El salto al vacío ocurrió a inicios del 2021: más de 100 collares salieron al mundo desde una mesa de trabajo humilde. El Paseo La Galería abrió un espacio sin cobrar alquiler; la colección se vendió completa. Detrás de cada pieza había historia, técnica y una estética de vanguardia que desarma prejuicios: ¿cómo no admirar un collar que nació de una botella y ahora brilla en un cuello, como si la vida volviera a elegir?
Desde entonces, las vitrinas se multiplicaron. Eco Fashion Week (Brasil), ferias en España, recorridos por Cusco y Lima. En casa, invitaciones a Palmear, el Puerto y el Centro Cultural Juan de Salazar. Ya no son solo collares, aros o broches: también souvenirs corporativos creados con materiales de cada empresa —una fábrica de cables pidió piezas con sus propios restos—. La cadena se hace más corta, el valor se queda un poco más en el barrio, la autoestima sube.
Pero el relato no romantiza. Cateura está en proceso de cierre y miles de mujeres enfrentan la pregunta más dura: “¿Y ahora de qué voy a vivir?”. Muchas, con 45 o 50 años que parecen 70 por el desgaste, escuchan que “ya son muy viejas” para un empleo formal. Por años vendieron al intermediario que paga lo mínimo y se lleva la ganancia. Soraya Bello, directora de Mil Solidarios, lo dice sin rodeos: “Han reducido miles de toneladas de residuos y han salvado a sus familias, pero su trabajo fue invisibilizado”. Cateura Accesorios discute esa injusticia con una respuesta concreta: formación, diseño, marca y mercado.
El impacto se nota en el bolsillo y también en la vida. El empoderamiento económico trae mejores decisiones: controles prenatales, PAP, mamografías, más escuela para los hijos, menos dependencia de la urgencia. Donde hay un ingreso digno, hay tiempo para cuidarse y planear. La belleza —esa palabra que parecía lejana en el Bañado— se vuelve un derecho cotidiano.
El modelo es replicable. Ya se inició trabajo con familias del vertedero municipal de Encarnación y el sueño es llevarlo a otras ciudades. La receta es clara: capacitar, proveer espacio y herramientas, acompañar la gestión y abrir puertas de comercialización que premien la calidad y la historia detrás de cada pieza. Faltan capital de trabajo, logística para vender directo a fábricas, políticas que reconozcan la economía del reciclaje. Pero hay algo más fuerte que la carencia: la certeza de que el talento existe y solo necesita un empujón justo.
En el Bañado Sur, cuando una mujer termina un collar, no termina un producto: comienza un futuro. Ese hilo que ata metal y plástico también enlaza pasado y porvenir. Lo que ayer fue desecho hoy es diseño, lo que ayer fue vergüenza hoy es orgullo, lo que ayer fue silencio hoy es voz. Cateura Accesorios enseña que la plenitud no se regala: se hace a mano, como la dignidad. Y eso, en cualquier parte del mundo, es moda que nunca pasa.


